Mensajes en botellas

Número de casos de sarampión cada 100.000 personas para cada estado de Estados Unidos. http://graphics.wsj.com/infectious-diseases-and-vaccines/

Número de casos de sarampión cada 100.000 personas para cada estado de Estados Unidos por año. La vacuna se introdujo en 1963. http://graphics.wsj.com/infectious-diseases-and-vaccines

Si queremos comunicarnos con otra persona y el mensaje es importantísimo, ¿elegiríamos mandarlo dentro de una botella que tiramos al mar? Un mensaje en una botella quizás llegue a su destinatario, pero muy probablemente no llegue, o no llegue a tiempo. Seguramente pensamos que ya casi nadie debe estar usando este viejo método de comunicación. Sin embargo, aunque ya no usemos botellas, seguimos enviando mensajes urgentes y necesarios que no sabemos si efectivamente llegan. Esto se estudió recientemente para el caso de mensajes que buscan promover la vacunación.

Este año 2015 arrancó complicado en Estados Unidos: hay un brote de sarampión en marcha que comenzó a fines del año pasado en Disneylandia, California, y que hasta hoy es de unas 150 personas.

Esta enfermedad fue oficialmente erradicada de Estados Unidos en el año 2000, pero sigue habiendo casos no autóctonos porque los norteamericanos viajan al exterior (hay varios países que todavía tienen sarampión) y a veces vuelven contagiados, o porque extranjeros infectados viajan a Estados Unidos. En este mundo globalizado en el que podemos dar la vuelta al mundo en un par de días, las enfermedades infecciosas transmitidas entre humanos no conocen las fronteras.

Es cierto que no estamos hablando de muchísimos personas con esta enfermedad. Durante 2014, Estados Unidos tuvo el mayor número de casos luego de la erradicación del sarampión, y ese número fue de 644 personas en todo el año. ¿Es esto tan preocupante? Bastante. El sarampión es una enfermedad extremadamente contagiosa que mata entre 1 y 3 personas por cada 1000 enfermos. Está ya erradicada en ese país, pero si el número de casos sigue aumentando, podría volver, esta vez para quedarse. La vacuna es el método más seguro y efectivo que tenemos para prevenir el contagio.

Entonces, ¡que todo el mundo se siga vacunando, y listo! Pero no es tan sencillo. En un fenómeno no del todo comprendido, un número creciente de padres que tienen las posibilidades para vacunar a sus hijos, está eligiendo no hacerlo. Sus argumentos suelen ser que las vacunas son dañinas o que no son necesarias, y que en última instancia es decisión personal de ellos si vacunan o no a sus hijos.

Ya se demostró claramente que las vacunas no son dañinas (aunque es cierto que unas pocas personas pueden ser alérgicas a algún componente, y en ese caso quedan excluidas de ser vacunadas, y por motivos más que válidos), y que son una herramienta indispensable para acercarnos a eliminar estas enfermedades infecciosas del planeta. Por ejemplo, la viruela es una enfermedad que no existe más, y esto se logró gracias a la vacunación. En países como la Argentina, la vacunación es obligatoria y la cobertura es especialmente buena. Quienes acá eligen no vacunar están inclumpliendo una ley. Son (¿todavía?) relativamente pocos. Pero en Estados Unidos y en otros países, se permiten exenciones basadas en motivos religiosos o filosóficos, además de los claramente válidos motivos médicos. Así, aunque la cobertura de vacunación promedio es bastante buena en todo el país, existen bolsones de personas no vacunadas, que en general viven juntas. En estos lugares, las tasas de vacunación pueden bajar hasta menos del 85 %, lo cual termina siendo muy peligroso: con un porcentaje de vacunación por debajo del 90-95 %, las enfermedades infectocontagiosas se diseminan mucho más fácilmente.

Respecto de si las vacunas deberían o no ser obligatorias, la opinión pública norteamericana está dividida. Un reciente estudio del Pew Research Center, muestra que los adultos jóvenes son más propensos a considerar que la decisión de vacunar o no es una decisión personal que los padres tienen derecho a tomar. Quizás, esto se deba a que los más jóvenes nunca vieron las complicaciones serias e incluso las muertes provocadas por estas enfermedades que son prevenibles por vacunas. Y no vieron esto… porque justamente las vacunas funcionan.

Algunos sostienen que los medios de comunicación tienen gran parte de la responsabilidad de este fenómeno de no vacunar a pesar de tener las posibilidades de hacerlo. Aun cuando los hechos son claros en que las vacunas son seguras, el seguir reportando la controversia entre los distintos grupos a favor y en contra de las vacunas provoca una disminución del apoyo a las vacunas.

Entonces, el tema es este: tenemos gente que duda en si vacunar o no, y tenemos gente que activamente está en contra de la vacunación. No pensemos en este momento en por qué están en esa situación. Pensemos en cómo lograr acercarnos a ellos para intentar que se vacunen y vacunen a sus hijos. ¿Podemos hacer que una persona que es “antivacunas” cambie de opinión? Esta es una pregunta de una enorme importancia en salud pública y, como veremos a continuación, es una pregunta cuya respuesta podemos averiguar.

Un trabajo de Brendan Nyhan y equipo, publicado en la revista Pediatrics en 2014, muestra algo bastante triste: no solo es muy pero muy difícil que alguien que se opone a las vacunas cambie de opinión, sino que los intentos por lograrlo provocan en ciertas personas un “efecto rebote” (backfire effect en inglés), ya que se afianzan aun más en su postura antivacunas.

Lo que hicieron en esta investigación fue un experimento para evaluar la eficacia de 4 tipos de estrategias de comunicación frecuentemente usadas por las agencias de salud pública para promover la vacunación. Los mensajes fueron los siguientes:

1) información acerca de la falta de evidencia de que la vacuna triple viral contra sarampión, rubéola y paperas provoca autismo.

2) información acerca de los peligros de las enfermedades que se previenen con la vacuna triple viral.

3) imágenes de chicos que tienen las enfermedades que se previenen con la vacuna triple viral.

4) un relato dramático acerca de un chico que casi muere por sarampión.

¿Qué resultados dio este experimento? Ninguno de estos mensajes aumentó la intención de vacunar a un hijo. El primer mensaje, el que refuta la relación con el autismo, logró disminuir la percepción equivocada de esta relación pero, sin embargo, ¡disminuyó la intención de vacunar en aquellos padres que más se oponen a la vacunación! El tercer mensaje, el de las imágenes de los chicos enfermos, aumentó la creencia de que hay un vínculo entre el autismo y la vacuna, y el cuarto mensaje, el del relato dramático, aumentó la creencia de que la vacuna causa efectos secundarios serios. Es decir que las imágenes de niños enfermos y el relato acerca de un niño enfermo no solo no fueron efectivos, sino que resultaron directamente contraproducentes.

¿Qué se concluye de esto? Que, para el caso de personas que se opone a la vacunación, no funciona darles la información correcta o mostrarles los peligros de su decisión. Incluso se vio que intentar cambiar estas percepciones puede ser peligroso, ya que esto refuerza la intención de no vacunar de estos grupos en particular.

Este es un único trabajo y, por supuesto, no necesariamente implica que no haya otras maneras de dirigirse a estas personas que sí sean efectivas. Pero más allá de las posibles limitaciones de sacar una conclusión general a partir de este caso particular, hay algo que sí está claro: este tipo de investigaciones tiene implicancias importantísimas en salud pública. Primero, está claro que este tipo de mensajes debe ser evaluado en cuanto a si realmente son efectivos o no, antes de ser diseminados. Aquí vimos, no solo que no son efectivos, sino que incluso pueden aumentar la resistencia en los grupos que más se oponen a la vacunación, que son justamente los más preocupantes para la salud pública.

Este tema también nos hace pensar más allá de la vacunación. Cuando desde el Estado se realizan campañas que buscan promover comportamientos como dejar de fumar, comer saludablemente, hacer ejercicio o tener relaciones sexuales seguras, ¿están funcionando? Si funcionan, ¿habrá una manera en la que podrían funcionar mejor? O sea, ¿están llegando o no los mensajes en botellas?

Quienes están a cargo de intentar resolver este problema de salud pública deben tener cuidado de averiguar si sus mensajes tienen el efecto esperado o no. No podemos confiar en la intuición en este tipo de problemas, sino que tenemos que buscar evidencias que nos muestren que lo que queremos hacer efectivamente funciona.

Referencias

– Centers for Disease Control and Prevention: http://www.cdc.gov

– Pew Research Center: http://www.pewresearch.org

– Effective messages in vaccine promotion: a randomized trial. Nyhan B, Reifler J, Richey S, Freed GL. Pediatrics. 2014 Apr;133(4):e835-42. doi: 10.1542/peds.2013-2365. Epub 2014 Mar 3. (Disponible en http://web.missouri.edu/~segerti/3830/Pediatrics-2014-Nyhan-e835-42.pdf)

Pro-vaccine messages may be counterproductive among vaccine-hesitant parents. Bedford H. Evid Based Med. 2014 Dec;19(6):219. doi: 10.1136/ebmed-2014-110037. Epub 2014 Sep 2.

http://www.motherjones.com/environment/2014/02/vaccine-denial-psychology-backfire-effect

http://medind.nic.in/ibv/t14/i6/ibvt14i6p491.pdf

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6 comentarios en “Mensajes en botellas

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