Tramposas correlaciones

Pensamos. Pero no lo hacemos en forma voluntaria ni somos conscientes de cómo pensamos. Y, salvo contados filósofos y neurocientíficos, no pensamos mucho acerca de cómo pensamos.

Hace mucho mucho tiempo, quizás, ocurrió una sequía. Sin agua no hay caza ni frutos para recolectar, y de la llegada de la lluvia dependía nuestra supervivencia. Alguien tuvo una idea: a las nubes parece gustarles moverse así que, si nos movemos imitándolas, vendrán. Algunos bailaron. Después de todo, ¿qué podían perder? Poco después llovió y, desde entonces, por tradición oral, se mantuvo la costumbre de bailar para atraer la lluvia.

¿Qué pasó acá? Ocurrió una cosa primero (la danza) y otra poco después (la lluvia). Esas mentes humanas dijeron: “¡Es obvio! Bailar causó que lloviera!”. A partir de dos eventos que parecían relacionados, supusieron que el primero causó el segundo, y empezaron a bailar su danza de la lluvia cada vez que fue necesario que viniera el agua. Si venía, todo bien. Si no, tal vez se habían equivocado en la forma de la danza. 

Cuando un cambio o alteración en una variable se acompaña de un cambio en el mismo sentido o sentido contrario de otra variable (por ejemplo, cuando dos conjuntos de datos aumentan de manera similar), hablamos de correlación. En el ejemplo de las danzas de la lluvia, esos hombres dedujeron una relación de causalidad entre las dos variables (lluvia y danza), cuando en realidad solo habían observado una correlación. Nuestras mentes muchas veces se equivocan, porque piensan mayormente de manera intuitiva.

Aunque es posible que una correlación se deba efectivamente a que una cosa provoca otra (si pongo la mano en el fuego, me quemo, y sí, lo primero causó lo segundo), muchísimas veces se trata de eventos que casualmente ocurren uno después que el otro (como la danza y la lluvia), o quizás se trata de dos eventos que son consecuencia de un tercer evento que no tuvimos de cuenta, o… Son muchas las posibilidades.

Si B es consecuencia de A, veremos que A y B correlacionan, es decir, veremos que cuando ocurre A, ocurre B. Pero, atención con esto: que veamos B después que A no implica que B sea consecuencia de A. Correlación no implica causalidad.

Tan mal no nos fue pensando de esta manera. Después de todo, acá estamos. Somos una especie que logró propagarse con mucho éxito por todo el planeta. Es que, dentro de todo, pensar así es efectivo: si cada vez que escucho un ruido extraño entre los árboles del bosque pienso que hay un lobo, me equivocaré el 99% de las veces, pero el 1 % de las veces en las que sí hay un lobo, no me comerá.

Pero en los últimos siglos inventamos (¿descubrimos?) una manera de pensar que suele funcionar mejor: la ciencia. Y también entendemos mejor ahora estas trampas del pensamiento que llamamos falacias. Un nombre que se le da a esta falacia particular de atribuir causa y consecuencia a dos cosas que ocurren una después que la otra es “post hoc ergo propter hoc“. Aprender a pensar científicamente se logra con mucho entrenamiento y, aunque lo sepamos hacer bien, igualmente caemos muchas veces en estas tramposas correlaciones que interpretamos como causalidades. El siguiente ejemplo es muy bonito:

Está bastante claro que a los chicos que viven en casas que tienen muchos libros les suele ir mejor académicamente. Con el objetivo de lograr que a los chicos les fuera mejor en la escuela, hace unos años se propuso un plan en Illinois, Estados Unidos, en el que se les entregaría a los bebés un libro por mes desde que nacieran hasta que entraran al jardín de infantes. ¿Suena bien? ¡Para nada! Es que de nada sirve tener libros en tu casa…. ¡si no los leés! Una casa con muchos libros suele indicar un hogar con padres que leen y que pudieron educarse. Los hijos de padres con buena educación en general rinden mejor en la escuela. Pero ojo: no sabemos si les va mejor en la escuela porque los padres tienen buena educación, o porque vienen de hogares donde se los alimentó mejor, o por otras causas. Lo que es extremadamente poco probable es que se deba a la mera presencia de los libros en el hogar.

Esto de que “correlación no implica causalidad” está excelentemente bien en esta tira del webcomic xkcd (aunque yo habría puesto “tomé un curso” en vez de “di una asignatura”):

Imagen tomada de http://es.xkcd.com/strips/correlacion/. Original en inglés en http://xkcd.com/552/

Imagen tomada de http://es.xkcd.com/strips/correlacion/. Original en inglés en http://xkcd.com/552/

PS 1: Los comics de xkcd tienen un “mouse over” (un texto que aparece cuando uno ubica el mouse sobre la imagen en el sitio original. ¡A no perderse el de esta tira “Correlación”!

PS2: Hay muchísimos sitios que muestran correlaciones reales de las que se desprenderían “conclusiones” delirantes de causas y consecuencias. Por ejemplo éste (en inglés): http://www.tylervigen.com. Si conocés otros, ¿nos decís por favor?

PS3: ¿Tenés ejemplos de la realidad en las cuales se haya caído en esta falacia de post hoc?

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12 comentarios en “Tramposas correlaciones

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  2. Inclusive muchos de los que presumimos de tener un pensamiento científico solemos caer en diminutas cábalas (por así llamarlas).
    Yo no creo en nada de todo eso, pero por alguna razón cuando me baño sigo siempre la misma rutina de limpieza. Así me haya lavado la cara hace dos minutos lo vuelvo a hacer mientras me baño.
    ¿Por qué? Porque hasta ahora siempre seguí la misma rutina de baño (rutina de baño como de otras cosas) y me ha ido bastante bien.

    Esto tiene sentido? No. Pero qué pierdo al hacerlo?
    Si me pongo a reflexionar realmente pierdo tiempo más de una vez, sin contar que pierdo racionalidad con mis pensamientos; y por esto pienso cambiarlo (me asusta lo a libro de autoayuda que sonó eso jaja) .

    Dejo eso con intenciones de aportar algo. Un saludo.

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    • ¡Muy interesante tu punto! Justamente, el seguir “cábalas”, que en un punto es repetir rutinas que tienen la apariencia de funcionar (o, al menos, si no funcionan tampoco parecen hacer daño), es algo que está muy arraigado en nuestra forma de pensar. Muy probablemente, pensándolo como un rasgo que evolucionó de esta manera, tenga un valor positivo. Lo que llamás “racionalidad”, que es pensar de una manera más “entrenada”, es nuevo en nuestra historia, y es algo que tenemos que aprender adrede. No surge solo. Es una manera de pensar que funciona mejor pero, por supuesto, cuesta más esfuerzo e implica que estemos alertas todo el tiempo. Saludos, y gracias por tu comentario.

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