Por qué la gente está confundida acerca de lo que piensan los expertos

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Hay una frecuente confusión acerca del hecho de que en la ciencia cualquier afirmación puede ser destronada si aparecen evidencias que la contradicen. Esto es, en esencia, absolutamente cierto, pero muchas veces ignora otra cuestión central: para destruir una idea científica que está apoyada por evidencias muy fuertes, hace falta que las nuevas evidencias sean aun más poderosas.

En muchos temas, la opinión de los científicos no es homogénea. Esto puede deberse a muchas cuestiones particulares, como que las investigaciones sean muy recientes y sus resultados aun ambiguos, o que haya influencias externas, como en cuestiones que resuenan especialmente en la política o en la sociedad, por ejemplo. El consenso acerca del calentamiento global es enorme, pero aun así se siguen escuchando, y destacando, opiniones que se oponen a la idea de que el cambio climático existe y es provocado por la acción humana.

¿Qué implica esta discusión acerca de los consensos en ciencia cuando los temas despiertan interés en el público general? ¿Qué consecuencias trae esto al tener que definir políticas públicas? Cuando a esto le sumamos el papel de los medios de comunicación, todo se vuelve más complejo. Es habitual que los medios le den la palabra a los “dos lados” de una discusión. Es muy valioso que hagan esto, especialmente cuando las opiniones difieren ya que, de esta manera, se le da la oportunidad al lector, o al oyente, de oír las “dos campanas”. Pero, en el caso de la ciencia, si de un lado tenemos una afirmación científica que está sostenida por evidencias, y del otro lado una opinión que no lo está, ¿deben mostrarse ambos? Esta discusión está muy presente desde hace algún tiempo, y ya estuvimos hablando de esto anteriormente, como por ejemplo acá.

Derek J. Koehler es profesor de psicología en la Universidad de Waterloo y recientemente publicó un artículo en el diario The New York Times. En él habla un poco de estos temas y cuenta las investigaciones que estuvo haciendo al respecto. Para abrir la discusión, a continuación lo reproducimos completo y en español. Comentarios más que bienvenidos.

Por qué la gente está confundida acerca de lo que piensan los expertos

12 de febrero

Dadas las complejidades del mundo moderno, todos dependemos de la opinión de los expertos. ¿Las comidas con O.M.G. son seguras? ¿El calentamiento global es real? ¿Los niños deberían ser vacunados contra el sarampión? No tenemos ni el tiempo ni el entrenamiento para responder estas preguntas por nosotros mismos. Dejamos esto a los profesionales.

Y, para conocer lo que piensan los expertos, normalmente dependemos de los medios de comunicación. Esto crea un desafío para los periodistas: hay muchos temas en los que una gran mayoría de los expertos están de acuerdo, pero un pequeño número opina lo contrario. ¿Es posible darle una voz a los expertos de ambos lados, una práctica periodística corriente, sin distorsionar la percepción pública acerca del nivel de desacuerdo?

Esto puede ser difícil de hacer. De hecho, los críticos sostienen que los periodistas generan a menudo un “falso equilibrio” que crea la impresión de que existe un desacuerdo cuando, en realidad, hay un alto nivel de consenso. Una solución, adoptada por organizaciones de noticias como la BBC, es informar el “peso de la evidencia”: la presentación de puntos de vista contrapuestos es suplementada con la aclaración de dónde se encuentra la mayoría de la opinión experta.

Pero si esto es efectivo o no es una pregunta psicológica sobre la cual hubo poca investigación. Por eso, recientemente hice dos experimentos para averiguar esto. Están descriptos en un próximo artículo en el Journal of Experimental Psychology: Applied. Ambos estudios sugieren que informar el “peso de la evidencia” es un remedio imperfecto. Resulta que escuchar opiniones de expertos de ambos lados de un determinado tema distorsiona nuestra percepción del consenso, incluso cuando tenemos toda la información necesaria para corregir esa percepción equivocada.

En un estudio, a los participantes se les presentó un resumen numérico que mostraba la variedad de las opiniones de expertos convocados por la Universidad de Chicago acerca de ciertas cuestiones económicas. En algunos de estos resúmenes, una gran mayoría de los expertos estaba de acuerdo y, en otros, había más desacuerdo. Por ejemplo, una gran mayoría concordaba en que un impuesto al carbono sería una manera eficiente de reducir las emisiones de dióxido de carbono (93 expertos estaban de acuerdo, cinco estaban indecisos, y solo dos se oponían), pero había más desacuerdo acerca de si aumentar el salario mínimo haría más difícil que los trabajadores poco calificados encontraran empleo (38 estaban de acuerdo, 27 indecisos, y 36 se oponían).

Además, a un grupo de participantes se le presentó no solo el resumen numérico de la opinión de los expertos, sino también un extracto del comentario de un experto de cada lado del tema en cuestión. Respecto del impuesto al carbono, por ejemplo, estos participantes leyeron un comentario de uno de los 93 expertos que justificaba la opinión de que el impuesto al carbono sería efectivo, y un comentario comparable de uno de los dos expertos que no estaban de acuerdo.

Luego se le pidió a los participantes que evaluaran hasta qué punto pensaban que los expertos estaban de acuerdo unos con otros sobre cada tema. Aunque todos los grupos tenían la misma información sobre el número de expertos que apoyaba cada postura, los participantes que también leyeron los comentarios de los expertos que opinaban distinto no distinguían tan claramente en su evaluación entre los temas de alto consenso y los de bajo consenso. Es decir que el hecho de estar expuestos a los comentarios opuestos hizo que fuera más difícil para los participantes distinguir los temas en los que la mayoría de los expertos estaban de acuerdo (como el impuesto al carbono) de aquellos en los que había un desacuerdo sustancial (como el salario mínimo).

Esta influencia distorsionadora afectó no solo la percepción de los participantes sobre el nivel de consenso, sino también su juicio acerca de si había o no suficiente consenso como para utilizarlo para guiar la política pública. (Mi otro estudio, que usaba un resumen numérico de las opiniones de críticos de cine profesionales acerca de varias películas y comentarios de expertos que pensaban de modo opuesto, dio resultados similares).

¿Cómo se explica este problema cognitivo? Una posibilidad es que cuando se presentan comentarios de expertos que se ubican en lados opuestos de un tema, generamos una representación mental del desacuerdo que toma la forma de una persona de cada lado, lo que de algún modo contamina nuestra impresión acerca de la distribución de las opiniones en una población mayor de expertos. Otra posibilidad es que sencillamente tengamos problemas para disminuir el peso de un argumento que nos resulta plausible, incluso cuando sabemos que proviene de un experto cuya opinión es sostenida solo por una pequeña fracción de sus pares. También es posible que la mera presencia de un conflicto (en forma de comentarios de expertos de opiniones contrarias) desencadene una sensación general de incerteza en nuestra mente que, a su vez, tiñe nuestra percepción acerca de la opinión que tienen los expertos acerca de un tema.

Sea cual fuere la causa, las implicaciones son preocupantes. La acción del gobierno es guiada en parte por la opinión pública. La opinión pública es guiada en parte por las percepciones acerca de lo que piensan los expertos. Pero la opinión pública puede, y con frecuencia lo hace, desviarse de la opinión experta, no porque la gente se niegue a reconocer la legitimidad de los expertos, sino porque puede que no sean capaces de reconocer dónde se encuentra la mayoría de la opinión experta.

Versión completa en español del artículo original publicado en The New York Times el 12 de febrero de 2016.

 

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5 comentarios en “Por qué la gente está confundida acerca de lo que piensan los expertos

  1. Hola. Me parece muy interesante la preocupación planteada. Y una alternativa que se me ocurre es basar las políticas públicas directamente en la opinión de los expertos, sin tanta influencia de la opinión pública. Para esto convendría que los responsables de tomar decisiones escucharan a los asesores que contratan, en vez de hacer como con frecuencia ocurre, que los contratan, y luego, desestiman sus sugerencias por no ser políticamente convenientes …
    Difícil …

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  2. Interesante. Pero creo que es efectivamente difícil. Quienes definen políticas públicas necesitan que los voten, necesitan la opinión pública a su favor. Necesitamos entonces entender mejor por qué la opinión pública puede equivocarse. En particular, en algunos temas “candentes” es muy grande la distorsión. Para dar un ejemplo, aunque los alimentos transgénicos son claramente seguros, en Europa hay un rechazo muy grande a los mismos, y esto llevó a que Madrid se convirtiera en “libre de transgénicos”. Ahí hubo una decisión política claramente basada en ideas equivocadas acerca de la peligrosidad de los transgénicos. Se ven casos similares en cuestiones como calentamiento global, vacunación o terapias médicas alternativas.
    Saludos y gracias por comentar.

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