La violencia machista y la cultura del dato

Soy mujer. Soy argentina. Soy la madre de unos y la hija de otros. Soy bióloga. Soy docente. Soy descendiente de una familia que llegó a América con los conquistadores. Soy descendiente de una familia que fue casi totalmente exterminada en la Shoá. Soy muchas cosas y, a lo largo del tiempo, soy muchas cosas distintas. Como todo el mundo, ¿no?

¿Importa todo esto? La verdad que no. Salgamos de la trampa del “¿desde dónde lo decis?”. Es totalmente irrelevante quién soy para lo que voy a decir ahora. Porque quiero hablar de ideas que tienen que ver con el mundo, con eso que está ahí afuera y que podemos tratar de entender mejor si buscamos las evidencias adecuadas. Para evaluar estas ideas, lo que necesitamos es ver qué evidencias las sostienen, tenemos que analizar qué se dice y no quién lo dice.

La otra muleta mental que circula es la pregunta de “¿A quién le sirve lo que decís? ¿A quién sos funcional?”. Tampoco esto me importa demasiado. Creo que si uno quiere cambiar el mundo más que quejarse de él, es esencial saber cómo es ese mundo, qué cosas pasan en él y cómo son. Saber siempre es mejor.

niunamenosMe importan, y mucho, el feminismo y sus luchas. Comparto gran parte, aunque no todos, sus planteos principales. Creo que Ni Una Menos es una gran iniciativa que permitió mostrar lo que para muchos estaba oculto, y que otros preferirían que siguiera oculto. Motivó tanto a mujeres como a hombres a pensar su rol en estos temas. Y esa reflexión siempre es buena. Siempre dispara la posibilidad, que no siempre sucede, de cambiar un poco las cosas en la dirección de más igualdad, de menos violencia, de más justicia.

Por ambas cosas, por mi interés en poner lo que sabemos en una base firme, y por mi interés en el feminismo, es que veo con mucha preocupación la encuesta que se publicó hace muy poco bajo el nombre de Primer Índice Nacional de Violencia Machista.

No soy experta en estadística, ni en el manejo fino de datos, ni en el diseño de encuestas. Sé que hay profesionales que se dedican a esas cuestiones, y yo no soy una de ellos. Pero sí diría que sé bien cómo diseñar observaciones o experimentos para que puedan dar resultados que me permitan responder una determinada pregunta y, por lo mismo, sé identificar cuándo algo no está bien diseñado. Puedo equivocarme en esta apreciación, claro (todos somos presas potenciales del efecto Dunning-Kruger), pero partamos de esto, solo como para poder avanzar.

No me malentiendan. Contestar la encuesta fue un interesante y movilizador ejercicio de autoreflexión. Me hizo recordar algunas cosas que tenía olvidadas, y entender otras. Y si se hubiera quedado ahí, en un ejercicio de concientización, sería excelente. Pero propuesto como un análisis de la realidad de la violencia machista en la Argentina, tiene tantos defectos que se vuelve inútil, o aun contraproducente.

A continuación comento brevemente algunos de los problemas serios que observé, sin pretender ser exhaustiva. Algunos de estos problemas son típicos problemas metodológicos de cualquier encuesta, y son los que una encuesta bien diseñada evita.

Por ejemplo:

  • ¿Quiénes responden la encuesta? ¿Cómo son esas personas?

La encuesta está realizada a voluntarias, y eso ya es un problema enorme porque se genera un efecto particular: las que responden son las que están interesadas en el tema que suelen ser, también, las de posturas más polarizadas. Además, el lenguaje utilizado en las preguntas es muy complejo y ambiguo. La encuesta era por internet, era larguísima, no informaba cuánto faltaba para terminar, y muchas preguntas eran similares, lo que obligaba a prestar mucha atención al responder.

Debido a todo esto, se excluye inevitablemente a muchas personas, lo que deja sesgada la muestra de personas que respondieron hacia gente que dispone de las capacidades, voluntad y medios necesarios para atravesar estas dificultades. (Nota: decimos que una muestra está sesgada cuando no representa adecuadamente la realidad. Si hago una encuesta sobre hábitos alimentarios en un carrito de choripanes, me va a dar que no existen los vegetarianos).

¿Podemos suponer que lo que respondió esa muestra de personas representa lo que respondería la población general? Podemos, pero con un grado de incertidumbre que depende de si nuestra muestra está bien tomada, desde un punto de vista técnico, o no. En el caso de una muestra sesgada como la de quienes respondieron esta encuesta, no podemos pasar, de los datos que tenemos, a decir algo sobre el resto del mundo. Lo único que sabemos a partir de esto es que algunas decenas de miles de mujeres sufrieron violencia, y lo dicen. El paso de ahí a la población se perdió, y se perdió por problemas metodológicos. No es cierto, entonces, que una encuesta pueda contestar (como citaron los diarios en estos días) cosas del tipo “El x% de las mujeres sufrieron violencia”. A lo sumo, la encuesta puede contestar la pregunta “El x% de las mujeres que contestaron la encuesta sufrieron violencia”.

  • ¿Una encuesta que dice qué les interesa averiguar?

La encuesta decía explícitamente que buscaba generar un índice de violencia machista. Pero sabemos, desde hace mucho, que los encuestados responden las preguntas tratando de satisfacer -involuntariamente- a los encuestadores. Cómo se preguntan las cosas, quién las pregunta y el subtexto (no tan “sub”) de cuáles son las respuestas esperadas influyen inevitablemente en los resultados. Muy probablemente, los resultados habrían sido distintos de haber preguntado de otra manera, o en un contexto distinto. (Acá hablo un poco más sobre las encuestas y sus problemas y acá sobre que mirar algo lo cambia).

  • ¿Alguna vez?

Muchas preguntas eran del tipo “¿Alguna vez te pasó tal cosa?”. Aunque puede ser un dato interesante el hecho de que la encuesta sea respondida por personas de distintas edades y de que la pregunta “meta en la misma bolsa” si ese hecho ocurrió con muchísima frecuencia o con poca, o ayer, hace 10 años o hace 30, este tipo de preguntas, así formuladas, ensucian los datos. Habría sido más útil preguntar algo como “¿en el último año te pasó tal cosa?”, o “¿te pasó tal cosa? Si te pasó, ¿hace cuánto tiempo?”. De esta manera, si repitiéramos esta medición a lo largo de los años, tendríamos una serie de tiempo para poder comparar la evolución del problema.

Además de estos problemas de tipo más bien metodológico, tenemos otros que son problemas conceptuales y de fondo, respecto de este tema en particular. Por ejemplo:

  • ¿Qué es la violencia hacia las mujeres? ¿Esta encuesta mide la violencia contra las mujeres?

En su Informe Ejecutivo Final, el grupo define violencia hacia las mujeres de esta manera: “La violencia contra las mujeres es, entonces, todo acto que atenta contra su dignidad, que las vulnera y lastima, que es cometido por hombres, como resultado de la discriminación hacia ellas.” Tomémoslo como definición operativa, aun si no todos estamos de nomasviolenciaacuerdo (la violencia de una mujer hacia otra, como resultado de discriminación hacia las mujeres, no cuenta, por ejemplo, ni tampoco la violencia doméstica en parejas del mismo sexo). Según esta definición, necesitamos que se cumplan dos puntos: a) quien comete el acto de violencia es un hombre, b) lo comete hacia la mujer por el hecho de ser mujer.

Y acá aparece un problema serio: si el acto de violencia del varón hacia la mujer no es por el hecho de ser mujer, queda excluido de la definición. ¿Y queda excluido de la encuesta? Veamos… Podríamos tener un hombre que es violento con todo el mundo (muchos violentos son violentos con cualquier cosa que se les cruce en el camino, sean varones, mujeres, mascotas…). Podríamos tener un acto de violencia de un hombre a una mujer pero no “debido” al hecho de ser mujer.

¿Puede esta encuesta, así como se llevó a cabo, distinguir la violencia general de la violencia hacia las mujeres? Definitivamente no. Y esto no es un detalle más. Es algo que va exactamente en contra de lo que se supone que se pretende con esta encuesta. Esto, claro, es un síntoma de un problema más general, de un error de base en la concepción de la pregunta investigable. Medir si la violencia es “por el hecho de ser mujer” vuelve al resultado especialmente subjetivo y difícilmente evaluable. No permite distinguir la “señal” (la violencia que sufren en particular las mujeres) del “ruido” (la violencia en general).

¿Cómo se podrían distinguir estos dos tipos de violencia? Lo que hay que determinar es la tasa de violencia diferencial que sufren las mujeres con respecto a la población en general. Si hay tipos y formas de violencia que sufrimos y el resto no, o menos, entonces estamos ante un tipo de violencia específico, sea cual fuere la intención. Por ejemplo el informe de UNODC sobre homicidios en 2013 muestra que en America Latina el 88% de las víctimas de homicidio son hombres y el 12% mujeres. Sin embargo, hay un tipo de homicidio, el que es cometido por la pareja u otro miembro de la familia, en el que dos tercios de las víctimas son mujeres. A partir de estos datos, podemos inferir que hay un mecanismo de homicidio (y muy probablemente de otros tipos de violencia previa) que afectan mayoritariamente a las mujeres en el ámbito de la pareja/familia. A partir de ahí podemos empezar a planear una política para reducirlo. En cambio, si ignoráramos el dato de dónde son afectadas las mujeres, empezaríamos tal vez a poner más guardias policiales en lugares frecuentados por mujeres, lo que no serviría absolutamente para nada.

No queremos hablar del mundo: queremos cambiar el mundo y, para eso, hace falta saber, no intuir. Esta encuesta no permite diferenciar la violencia general de la violencia machista porque, al centrarse en lo que quiere probar (la violencia machista) la da por supuesta, y como los hombres no podían responder esta encuesta, no tenemos valores con los cuales comparar.

Veamos esta idea con un ejemplo. Supongamos que el 80% de las que responden la encuesta (todas mujeres) dicen que fueron acosadas en un transporte público. Si no tenemos el valor para hombres, no sabemos nada más allá de ese número suelto. Pero el valor de acoso en el que las víctimas son hombres no es un dato de color. Es lo que necesitamos para poder extraer una conclusión relevante respecto del acoso hacia las mujeres. Para este valor de 80% de acoso en mujeres, imaginemos tres escenarios distintos de valores de acoso en hombres. 1) Si en el grupo de los hombres este valor es 10%, entonces podemos concluir que sí, que hay un efecto de ser mujer (este tipo de acto violento ocurre más contra mujeres que contra varones). 2) Si el valor para hombres es 80%, no hay efecto de ser mujer, y la conclusión que deberíamos extraer a partir de estos datos es que mucha gente es víctima de acoso más allá de su género. 3) Si el valor en hombres fuera 100% hay, en cambio, un efecto de ser varón.

Algunos se horrorizarán con que entre en este terreno, diciendo algo como “¡pero no! ¡es obvio que eso le pasa más a las mujeres! ¿vas a comparar lo que le pasa a una mujer con lo que le pasa a un hombre?”. Bueno, ese es el tema, si no comparo, no sé. No podemos confiar, a priori, en lo que creemos que está pasando. Necesitamos saberlo, entenderlo, y para eso necesitamos datos. Datos completos y confiables. No importa lo que diga mi intuición porque las intuiciones pueden llevarnos a conclusiones equivocadas (más sobre este tema acá). No importa lo que yo quiero que dé, no importa lo que me pasó a mí. Lo que importa es medir lo que necesito medir para sacar una conclusión válida .

Alguien preguntará “pero, más allá de todo, ¿el gran número de respuestas no ayuda? Y la respuesta es no. Si mi método de recolección de datos tiene fallas, no importa si obtuve 50 respuestas, 5.000, o 50.000. Las fallas no desaparecen con la masividad. Por el contrario, generan una ilusión de verdad que encubre esas fallas. Usar pseudoevidencia de este tipo para un tema tan sensible e importante puede terminar habilitando socialmente el uso de pseudoevidencia para tantísimas cosas que seguramente el equipo a cargo de la encuesta no avala, desde el rechazo a las vacunas hasta la negación del cambio climático antropogénico. Mi preocupación por la violencia machista me impide aceptar la construcción de un mecanismo de soporte basado en pseudoevidencia. ¿Por qué? Principalmente por dos motivos: 1) porque no nos permite saber de verdad qué pasa y cómo empezar a intervenir. 2) porque lo que se construye sin cimientos puede ser destruido con facilidad por los enemigos de esta causa. Los que creemos en que la violencia machista existe y debe ser enfrentada, debemos enfrentar con firmeza también los errores que aparecen de nuestro lado. Si no, estamos cediendo terreno a nuestros enemigos.

Voy un poco más lejos todavía. Si no tengo números confiables, prefiero no tener ningún número. Los números no confiables encuentran una manera de filtrarse de la encuesta a los medios masivos y, finalmente, pueden volverse un dogma social enquistado que impida seguir averiguando y entendiendo, que es el paso previo indispensable que necesitamos para resolver el problema. Según dicen en la página, buscan con esto la sensibilización y difusión del problema de la violencia machista en la Argentina. Es un buen objetivo, y tenemos que agradecer el esfuerzo de los voluntarios que se pusieron el tema al hombro. Pero tal vez habría sido mejor matizar el entusiasmo con el tipo de conocimiento necesario para hacer una medida de este tipo. Estoy segura de que está lleno de gente que habría colaborado para armar una encuesta tan movilizadora como ésta pero técnicamente correcta.

Quizás algunos de los que lideraron esta movida digan algo como “no queríamos dar números, lo que nos importa es visibilizar el tema”. Pero, ¿saben qué pasa? Generaron números. Una vez que informan números, los números empiezan a moverse solos, sin contexto, sin aclaración de la metodología que permitió obtenerlos. Estos números van a circular y circular como verdades absolutas, y no lo son. No importa si estos números apoyan lo que intuimos por nuestra experiencia o la de personas cercanas. Estos números no nos dicen nada. Son anécdotas, y son anécdotas hasta ahí, porque son anécdotas tuneadas por la manera en la que se formularon las preguntas y las otras cuestiones mencionadas antes. Pero el plural de anécdota no es datos. cinta-violetaLas anécdotas emocionan, visibilizan, pero no representan una medida de lo que pasa, y no nos dan pistas, ni para entender la dinámica del fenómeno, ni para armar políticas para resolverlo.

Pusieron el tema sobre la mesa. Gracias. Veamos cómo seguir a partir de ahora. Que esto mejore. Para la próxima, que se sumen expertos, que se genere un dispositivo intachable, a prueba de todo. Es una causa demasiado importante como para hacer las cosas más o menos. Nuestras emociones nos hacen ser quienes somos, nos dan las ganas o la bronca para seguir adelante, nos movilizan, son el centro de nuestro mundo privado. Pero para salir a cambiar el mundo público, eso que esta ahí afuera, donde tanta gente sufre, necesitamos evidencias. No insistimos en la metodología porque seamos pedantes, insistimos porque esto nos importa demasiado.

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31 comentarios en “La violencia machista y la cultura del dato

  1. Muy bien artículo.
    La verdad es que noto que hay una especie de rechazo generalizado a culaueir tipo de crítica cuando se trata de estos temas. Y el dogmatismo es lo último que queremos. Espero poder ver más voces disidentes que no tengan miedo de expresar sus críticas complejas y sutiles como estas, sin desmero de aceptar los principios básicos y fundamentales.

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  2. Me parece interesante la crítica técnica, pero no coincido en todo. Si acuerdo en que se pudo hacer mucho mejor, pero no en que no sirva y sea mejor que no esté.
    Esta bueno hacer criticas constructivas, porque podemos hacer algo mejor. Pero ya impugnarlo de plano, disiento.
    Ante la falta de datos, uno hace aproximaciones exploratorias y a veces no le queda mas que recurrir, al menos como primer paso, a datos alternativos que no necesariamente son representativos, pero que pueden ayudar a dar visibilidad al problema. E incluso así, justificar la necesidad de invertir en obtener esos datos.
    Por ejemplo, la cantidad de denuncias por abuso, o de pedidos de ayuda, no nos dice nada del fenómeno, porque está mediada por las variables que llevan a denunciar y pedir ayuda, y que pueden ser el miedo o vergüenza de hablar, la expectativa de que sirva para algo, y hasta el conocer cómo denunciar. Sin embargo, si tenemos un numero significativo de denuncias, al menos sabemos que el problema existe. Nos da un indicio. Y la encuesta da muchos indicios, que ante la falta absoluta de datos, es algo. Por ejemplo, pone en evidencia la gravedad de esa falta absoluta de datos. Increpa al Estado y al sistema científico como productor de esos datos.
    Por otra parte, reconocés que las anécdotas son efectivas para causar impacto. Y si el objetivo de ese trabajo era visibilizar un problema, instalarlo socialmente, no creo que sea inocuo saber que hay mas de 50 mil mujeres que contaron haber recibido violencia. Son muchas anécdotas digamos. Yo podría recoger el testimonio de 10 mil mujeres abusadas por sus padres, y aunque eso no fuese representativo, si podría conseguir sensibilizar a la sociedad sobre la problemática, más que si los testimonios de violación son tabú. Entonces, para los objetivos politicos que se propusieron, los resultados aportan.
    Concuerdo en que hay mucho mal manejo de metodología, y es algo que suele repetirse en encuestas online con relación con los sesgos. De hecho, pasa mucho en los experimentos de psicología, en que la selectividad que opera para conseguir voluntarios es un problemón, por la dificultad de controlar las variables. Pero insisto, las dificultades respecto a contar con datos o para experimentar nos llevan muchas veces a obtener resultados que hay que agarrar con pinzas, pero no por eso vamos a renunciar. Pasa en sociales, e incluso pasa a veces en naturales.
    En este caso, posiblemente el problema se amplificó por la baja capacidad metodológica de quienes se embarcaron en este proyecto, y creo que tus observaciones son muy correctas y útiles, pero insisto, sirven como crítica constructiva, y no está bueno proponerlas como argumento para impugnar completamente la utilidad del trabajo.

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    • «Entonces, para los objetivos politicos que se propusieron, los resultados aportan.»

      Me resulta espantoso y casi reminiscente a los planteos del partido interior del IngSoc. Es sumamente desagradable que se hable de como los fines justifican los medio. Sea mentir, engañar, falsear datos para promover la lucha política.

      ¡Qué distintos son los académicos de algunos militantes!

      «En este contexto, es necesario ejercitar una lectura reflexiva, para que la gran cantidad de información que podemos encontrar fácilmente en Internet no devenga, de manera irónica, en fuente de desinformación.

      Por otra parte, chequear la veracidad de la información antes de difundirla nosotros mismos es, en estos tiempos, una nueva y necesaria responsabilidad.»

      Fuente: http://www.lavoz.com.ar/opinion/internet-fuente-de-desconocimiento

      Nótese como la información debe ser precisa y contundente para evitar tomar medidas en la dirección errada. Sabías palabras de la doctora en Ciencias Sociales… ¿Sol Minoldo?

      OH WAIT!

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  3. Mi principal critica a la encuesta, es que muchas de las preguntas que no refieren a violencia fisica, suelen sucede de manera independientemente del sexo.
    Me parece ridiculo que se pregunte si tu pareja te revisa el celular o te insulta y humilla verbalmente, cuando hay miles de hombres que son maltratados y humillados verbalmente por sus parejas femeninas.
    Ni que hablar de escenas de celos o persecuciones de donde estuviste.
    En definitiva, la encuenta tiene muchas preguntas de buscando determinar la “violencia machista”, que me parecen que no tienen relacion con una gestion de genero.
    Muchas veces el feminismo se sobre victimiza en algunas cuestiones y para mi termina restando.

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  4. Yo sí soy estadística (si sirve aclararlo) y comparto tu posición y análisis. Tuve las mismas sensaciones al intentar completar la encuesta que, de hecho, no terminé por ciertas fallas que mencionás. Incluso por momentos me pareció que querían llegar de cualquier forma a considerarme entre quienes habían sufrido violencia “de sexo”. No me gustó el diseño y cuando vi la publicación y masificación de los resultados me indigné bastante, sobre todo porque creo que es un tema serio del cual necesitamos saber la realidad sin darle sesgos para poder actuar, educar e informar yendo directo a las necesidades. Gracias por tu artículo!

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  5. Muy buen artículo. Completé la encuesta hace unos meses y, mientras la hacía, iba descubriendo que estaba mal armada. De estadística no tengo más que los conocimientos rudimentarios, por lo tanto mis argumentos se apoyaban, entonces, en simples intuiciones. Tu texto me permite darles, ahora, una base más sólida. Y lamento haber participado en la encuesta.

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  6. Taaaan Guadalupe Nogués! Gracias. Rescato unas oraciones que deberíamos repetir en muchos ámbitos de discusión. “Mi preocupación por la violencia machista me impide aceptar la construcción de un mecanismo de soporte basado en pseudoevidencia. ¿Por qué? Principalmente por dos motivos: 1) porque no nos permite saber de verdad qué pasa y cómo empezar a intervenir. 2) porque lo que se construye sin cimientos puede ser destruido con facilidad por los enemigos de esta causa.” Cambiá “violencia machista” por tu motivo de curiosidad favorito, cualquier otro porque esta reflexión es pertinente a todo.

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  7. Un detalle no menor:

    Los algoritmos de twitter y facebook te presentan publicaciones en función de las cosas con las que has mostrado interes anteriormente o que tus contactos han mostrado interés. Esto las convierte en verdaderas cajas de resonancias, lo que sesga más la muestra.

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  8. Genial artículo.
    Pone en palabras muchas cosas que pienso respecto del enfoque que se hace del tema. Un argumento sin evidencia y sin un enfoque correcto es fácilmente refutable y contraproducente.
    Felicitaciones por tan buena nota, y ojalá sirva como aporte para un mejor tratamiento del tema (sin desmerecer el mérito de la encuesta, que creo que igual sirve al menos como antecedente un poco flojo de papeles para que el intento siguiente sea superador, es un paso más en un largo camino y en ese sentido suma).

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      • Estoy con Jero en esto. Apuesto a un próximo intento superador. Esperemos… Y respecto de lo que decís, Luciano, algo que no muestra su metodología es muy fácil de cuestionar por eso mismo. Ninguna medición desprovista de metodología es válida por sí sola. Así que creo que a partir de acá solo podemos mejorar. Tengo una postura bastante optimista al respecto, pero qué sé yo…

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  9. Excelente artículo. Además de lo relevante del aporte, es clarísima la manera en que lo explicás. No tuve oportunidad de tomar la encuesta. Podrías pasarme la referencia a la misma o el site que haya publicado los resultados? Muchas gracias.

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  10. Al fin alguien con cabeza, hablaste muy bien. Hoy en día quieren hacer pasar toda violencia contra la mujer como violencia de género y no es tal cual así. Lo que sí creo que hay es gestos machistas por doquier, quizás no sean tan evidentes como hace 40 años, pero no pasan desapercividos. Con respecto a la violencia en el hogar, ¿es por un odio a la mujer? ¿o es porque la persona es violenta y se la agarra con el más débil? Hay que pensar que una pareja no es cualquier persona, es alguien muy cercano y la convivencia puede sacar lo peor de las personas a veces. Seguramente, la mayoría de los casos son por machismo, pero no descarto que el crímen pueda ser por la inestabilidad psicológica del atacante en otros.

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    • Joaquín, creo que es muy pero muy difícil resolver la distinción por la cual se victimiza a las mujeres en cada caso (es porque son percibidas como débiles/inferiores? porque se las percibe como amenaza? como una posesión sobre la cual se tienen derechos? etc). Todo violento tiene alguna inestabilidad psicológica: el machismo es solo una excusa para ejercer la violencia (encima es una excusa socialmente aceptada!). Sea cual sea la combinación de motivaciones, si la violencia doméstica hacia las mujeres está presente en una gran cantidad de hogares, hay cursos de acción concretos que se pueden hacer.

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  11. Vengo siguiendo el post y sus comentarios. Coincido con varios de uds en que la encuesta fue efectiva en echar luz sobre el problema, en que no me parecen válidos los resultados desde el punto de vista estadístico y en que sería deseable hacer otra, superadora y a manos de expertos. Sólo me queda aportar que este año el tema de la violencia de género se hizo muy presente en el espacio de clubes de ciencia con el que trabajo: en varios puntos del país aparecieron adolescentes preocupados por llevar un registro de la percepción de sus compañeros. Muchas de “esas” encuestas tenían falencias metodológicas, sobre todo por el modo en que estaban formuladas las preguntas. En ese caso, el mostrarles esta encuesta fue un modo muy útil para que pudieran darse cuenta de que en un tema tan delicado es poco probable que alguien responda afirmativamente a preguntas muy directas (“sufriste violencia de género alguna vez?”) que incluso pueden variar por la subjetividad de cada uno (todos calificamos de “violentos” a los mismo actos?). Las preguntas de esta encuesta en general estaban orientadas a hechos (del tipo: alguna pareja quiso controlar cómo te vestis?) o a cuestiones abiertamente subjetivas (por ej: alguna vez te sentiste incomoda en tal o cual situación?) y eso era novedoso y muy útil.

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    • Gracias, Pau, por tu comentario. Es valioso que la encuesta se haya aprovechado desde un lado social y educativo que no estaba contemplado como objetivo y que no creo que nadie haya pensado como posibilidad. A mí me sigue quedando igual la sensación (para la cual no tengo evidencias) de que quizás las ventajas de esta encuesta no terminan de compensar sus desventajas. El tiempo dirá, quizás.

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  12. Excelente. Hace tiempo esperaba encontrar y leer algo como esto.
    Las encuestas últimamente son dirigidas por los medios para obtener un resultado y atraer con un titular, convirtiendo a los encuestados en partícipes involuntarios de “Hablemos sin saber”. Por ejemplo, el caso de los feriados en Argentina fue el ejemplo más notorio que en los últimos días llevó a la firma de un decreto presidencial retirando los feriados puente. Nadie dijo, supongo que ni buscaron el dato, que desde hace más de veinte años en Argentina hay 245,5 días hábiles promedio por año. Y es en los días hábiles donde algunos sectores específicos que miden su producción por tiempo, obtienen sus beneficios. (Los feriados afectan a quienes tienen que pagar en esos días salario doble, entre ellos, los propios medios de difusión)

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    • Sinceramente, no sé nada de lo que está pasando con el tema a nivel legal, y por eso ni lo mencioné en mi artículo. Pero me preocupa. Si dijo eso, ese 100% no sé si sale ni siquiera de esta encuesta, o lo dijo como al pasar. No estoy en tema para nada. Si tenés información más concreta, ¿la compartís?
      Yo calculo (pero esto es solo una expresión de deseo) que nadie va a usar estos datos como datos válidos para tomar decisiones a nivel legislativo. Sí puede ser, y eso sí me preocupa más porque no sabría cómo contrarrestarlo, que este tipo de encuestas afecte a la opinión pública que, a su vez, funciona como grupo de presión para la toma de ciertas decisiones…
      Solo espero que la gente experta en lo legislativo piense racionalmente y se base en datos confiables para proponer leyes, etc.
      Saludos.

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      • Gracias por tus respuestas Guadalupe, sos muy amable.
        Por ahora solo tengo la experiencia de como se elabora la doctrina jurídica. Para escribir un artículo doctrinario este debe basarse entre otras cosas en opiniones y dichos de académicos respetados dentro del ambiente de las ciencias sociales. La encuesta ha sido presentada por la decana de la Facultad de Derecho, la doctora Mónica Pinto y por la investigadora del CONICET la filósofa Marta Maffía.

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  13. ¡Qué buena nota! Gracias por compartirla. Amén de lo que escribiste vos y lo que comentan acá, las críticas de ustedes que hablan con conocimiento de estadística, para mí lo que estuvo mal fue la difusión de los datos por separado que hizo Fundación Huésped. Porque todos los resultados que se difundieron las placas y trajeron tantas dudas supuestamente apuntaban a ver si se repetía un patrón que termina en violencia física. Entiendo que viene por el lado de que si todas las parejas, hombres y mujeres, celamos aislamos y ejercemos violencia psicológica por igual, hay un paso que los hombres hetero dan contra su pareja y las mujeres no, o no tanto, que es la violencia física. No digo que no haya mujeres que no la ejerzan sino que el índice de femicidios en el ámbito doméstico es mucho mayor al de mujeres asesinas en el mismo ámbito. En ese está entiendo por lo que decís que igual la encuesta no esta bien articulada, pero peor que eso, porque de última tomaban los datos toooodos juntos y venían si sirven de algo, sino que salieron las placas sensacionalistas con resultados como “¿tu pareja te celó?” y saltaron muchos a decir que a ellos también los habían celado y un poco pasó eso de darle de comer “al enemigo”, como decís vos. Para mí a la difusión le falta contexto.

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