Creer o reventar

Pastor brasileño lanza a la venta perfume para hombres.

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La posición de los planetas en el momento del nacimiento de una persona condiciona su carácter.

La disposición y orden de ocurrencia de dibujos en un mazo de cartas no es azarosa, sino que responde a situaciones que le ocurrirán a una persona en un futuro o que le ocurrieron en un pasado.

Existe una forma de la energía que es dirigible y transferible voluntariamente entre personas, y esa energía tiene capacidad terapéutica.

Una figura de yeso es intermediaria entre las personas y una existencia sobrenatural que concede deseos e intercede favorablemente en situaciones cotidianas de aquellos que ofrendan trapos rojos.

Partículas invisibles se acoplan para conformar todas las cosas materiales que existen.

La actividad del hombre aumentó la abundancia de algo invisible en el aire y provocó su calentamiento, y ese calentamiento del aire genera cambios en la frecuencia y abundancia de lluvias en diferentes lugares del mundo.

La multiplicación de negocios con alta rentabilidad se traduce posteriormente en reducción del desempleo y aumento de bienestar general.

¿Cómo se forma una creencia? La creencia, como muchas otras aseveraciones, es en cierta forma una conclusión y por lo tanto deviene en una primera instancia de una actividad racional, de la identificación de una relación causal, en general mal concebida. Pero en una segunda instancia la conclusión puede volverse creencia si se le niega un proceso de validación o se le otorga de una manera sesgada, sin ánimo real de verificar si la conclusión es correcta.

Generalmente esto sucede cuando la conclusión, -la creencia-, es “conveniente” en un sentido amplio de la palabra. Esta conveniencia puede ser de diferente naturaleza, a veces emocional, a veces pragmática:

La providencia de San Cayetano es conveniente para el desesperado, porque allí radica una esperanza.

El horóscopo es conveniente para el que demanda previsibilidad en su vida o justificación de las cosas que le ocurren, como una especie de liberación de responsabilidad.

La teoría de la selección natural, que prescinde de Dios, es conveniente para el ateo que ve en la Iglesia un aparato de represión.

La idea del derrame económico es conveniente para el beneficiario directo de la liberación del mercado.

Para creer en algo no se precisa evidencia, porque la creencia precede a las razones que puedan fundamentarla. Creer no tiene que ver con el pensamiento sino con el deseo. 

¿Creencia o realidad?

Lo contrario a creer es dudar. Así como las creencias nacen desde algo parecido a un razonamiento (sea personal o transferido), el pensamiento crítico parte también desde una conclusión inferida de fenómenos y en primer término no comprobada: una intuición. Es el proceso posterior de comprobación lo que lo diferencia de la creencia llana. Utilizar el pensamiento crítico es desestimar las posibles consecuencias personales que pueda tener la afirmación que se emite (es decir, la conclusión a la que se llega).

Entonces, calificar como creencia o realidad a una afirmación no depende de la afirmación en sí misma sino del proceso que la genera. Una misma sentencia, una “verdad”, puede establecerse como tal por haber superado instancias de validación, por estar sostenida por evidencia, pero es una creencia para aquel que la sostiene desconociendo esa evidencia. Por ejemplo, la teoría de la evolución fue presentada a partir de un cuerpo de evidencias y razonamientos lo suficientemente robusto como para incidir en la historia de la humanidad de la forma que lo hizo. Sin embargo, desde sus comienzos y hasta el día de hoy, tuvo y tiene adeptos que la defienden aguerridamente aun sin entenderla. Esta misma situación se repite para muchos otros casos de clase muy diversa.

Es cierto que no es posible someter a un proceso formal de validación cada afirmación que se haga sobre la realidad, por lo menos de manera personal e independiente. En cierta forma, es la tarea que se ha asignado al sistema científico otorgándole una autoridad más o menos consensuada. Ya no es una creencia que recae sobre tal o cual afirmación sobre el mundo, sino que existe una confianza en el sistema científico que procede metódicamente antes de emitir dicha afirmación. O aún mejor, más que confianza en un sistema, es la comprensión del procedimiento que está detrás de la afirmación. A partir de esta comprensión, no es necesario conocer el razonamiento puntual que derivó en tal conclusión, sino que basta conocer el mecanismo que se usó para definirla (yo no creo en la estructura del ADN, la doy por cierta por conocer todo lo que implica haber sido publicada en la revista Nature). De manera similar sucede con las ideas económicas: la adhesión a las políticas en general no deviene completamente de la comprensión acabada de su mecanismo de acción o de los resultados totales, sino de una confianza en los propulsores de esa política (aunque esa confianza muchas veces sea sustentada simplemente sobre carisma y artificios del marketing). Se entiende entonces que los ciudadanos no debemos limitarnos a esperar los veredictos de la ciencia o de la economía para luego acatarlos y repetirlos doctrinariamente. Toda afirmación sobre la realidad puede ser personalmente sometida a un análisis crítico con cuestionamientos a diferentes niveles: desde los procedimientos metodológicos utilizados para arribar a la afirmación hasta la identidad de los medios en los que fue difundida. Es esta actitud activa la que reduce la posibilidad de que nos vendan gato por liebre.

Decir que una afirmación sobre la realidad se constituye como creencia a partir de que se independiza de la evidencia, es una definición taxativa que ignora que la evidencia suele ser variable en cuanto a abundancia y calidad, y discutible. Tal vez sea más útil imaginar un gradiente de solidez de fundamentos, donde se ubica a la realidad ontológica en el extremo más robusto (en un sentido lógico y racional) y la creencia en el otro. En el medio y a lo largo de todo el gradiente, se encontrarían prácticamente todas las afirmaciones que puedan ser dichas sobre el mundo: ‘La Tierra gira alrededor del Sol’, ‘Dos más dos es igual a cuatro’, ‘Los transgénicos producen cáncer’, ‘Hay vida después de la muerte’, ‘Consumir esencia de flor de Verbain sp. estimula sentimientos de autoconfianza si naciste entre el 23 de julio y 22 de agosto’. Dado un caso en particular, podrían aparecer nuevas evidencias que lo afiancen como descriptor de la realidad (es decir, lo acerquen al extremo más robusto del gradiente).

Storytellers rule the world

Todo puede ser resumido a palabras: lo que existe y lo que no existe. El lenguaje crea sentido, por lo menos sintáctico. Pero si lo dicho es corroborado por la experiencia, o fundamentado analíticamente, el lenguaje da cuenta de la realidad. Cuando esto no sucede, la sentencia se separa de la realidad y deja de tener valor explicativo, aunque puede sobrevivir como literatura. La creencia puede ser interpretada como la disolución de la frontera que separa realidad de literatura. La creencia es la coexistencia en el lenguaje de la realidad y la imaginación.

De la manipulación de esta coexistencia surgieron grandes obras artísticas que ayudaron a indagar sobre este límite (el cuento de Borges titulado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es buen representante del nivel de incidencia que puede tener la creación artística sobre la interpretación de la realidad). Sin embargo, la operación franca del lenguaje con fines creativos es menos frecuente que aquella que puede calificarse llanamente como engaño. Las palabras tienen la capacidad de regir sobre los actos de las personas (¡y lo hacen todos los días!). Todo el tiempo estamos atravesados por mensajes e información que definen nuestras decisiones. Algunas decisiones no tienen gran impacto en el transcurso de nuestra cotidianeidad. Pero cuando una afirmación o conjunto de afirmaciones (concretas o asumidas sin ser verbalizadas) determina consecuencias de gravedad para nosotros mismos o para terceros, la cuestión es más seria.

A veces la información espuria se transmite intencionalmente con el fin de conseguir un comportamiento específico del receptor. Pero otras veces, el mensaje se contagia y en cada intercambio se vuelve más independiente de la evidencia, al tiempo que paradójicamente refuerza su falsa condición de “verdad”. Esto es, tal vez, porque tenemos debilidad por las historias. En las más diversas culturas a lo largo y a lo ancho del mundo, han existido figuras sociales encargadas de narrar. Desde los lenguaraces mapuches hasta los periodistas contemporáneos. Y aunque el objetivo fuera fundamentalmente informativo, el agregado de ‘condimentos’ al relato siempre fue una tentación difícil de superar. El público suele estar deseoso de que la realidad sea enriquecida, y el narrador gana admiración si concede. Sin embargo, es importante diferenciar al entretenimiento de la solución de problemas. Tomar decisiones sustentadas en relatos ficcionales puede derivar en consecuencias muy negativas, tanto a nivel personal como a nivel social.

Conocer la realidad es cada vez más útil para cualquier sociedad y para cualquier ciudadano. El análisis crítico de la evidencia permite, como ninguna otra herramienta cultural, algo tan básico como es diferenciar la verdad de la mentira, o por lo menos la realidad de la literatura.

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6 comentarios en “Creer o reventar

  1. Sonrisa pacífica de satisfacción. Creo que lo voy a releer casi a diario. Con un poquito de sentido agridulce. Con la alegría de saberme identificado con quien lo escribe y con quien lo publica. Y con el dolor de saber que algunos de mis mas queridos amigos seguramente lo entienden pero no se dan cuenta de que no lo aplican.

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  2. Excelente artículo. Ojalá haya mas como este.
    Quisiera comentar dos pasajes, los cuales no comparto, o tal vez no entendí del todo.
    1- “el pensamiento crítico parte también desde una conclusión inferida de fenómenos y en primer término no comprobada: una intuición.”
    Esto no es así necesariamente, el pensamiento crítico puede partir de una duda o de una pregunta carente de cualquier opinión a priori. Por ejemplo, los célebres experimentos de Pasteur podían demostrar tanto como refutar la generación espontánea.
    2- “yo no creo en la estructura del ADN, la doy por cierta por conocer todo lo que implica haber sido publicada en la revista Nature”.
    En mi caso la doy por cierta debido a la robustez de los resultados del artículo original del 53, pero también por todas las verificaciones posteriores. Independientemente de dónde se hayan publicado. Expresado como en el artículo, parece una referencia al principio de autoridad (en este caso de esa revista) y seguramente no fue la intención del autor.
    Gracias
    CARLOS Q

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    • Hola Carlos, me alegra que te haya gustado el texto.
      Con respecto al primer pasaje, es una idea que viene del libro Intuición y Razón de Mario Bunge, por lo menos a mi manera de entenderla. Concuerdo con vos en que esto no es siempre así. Pero al señalar que las ideas suelen simplemente ‘ocurrir’, intenté resaltar el proceso posterior al surgimiento de la idea, para alentar a someter esas ideas a ese proceso de validación (sobre todo al lector no científico).
      Algo parecido pasa con el segundo pasaje. Mi intención fue indicar que no es necesario ser genetista para aceptar la genética, ni leer los informes del IPCC para aceptar el cambio climático, sino que hay herramientas al alcance de cualquiera que permiten evaluar la información. Conocer cómo funciona la ciencia (el proceso intelectual y el sistema social) es algo así como un atajo que acelera el cuestionamiento de las cosas. Es cierto que se parece a una falacia de autoridad (temí que se interpretara así), pero creo que se diferencia sutilmente. Es algo así como “comprendo el método  la revista usa el método  doy por cierto lo que dice la revista”. No es que crea lo que dice, sino que entiendo el método que usó para decirlo y el proceso de testeo que superó la afirmación.
      Le verdad no es fácil deshilvanar de forma clara estas cuestiones, así que bienvenidos tus comentarios, así lo hacemos entre todos.
      Muchas gracias

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    • Quizás la opinión de un no científico sirva en relación al tema del argumento de autoridad. Es imposible saber todo de todo y en un mundo en que abundan las fuentes de información espurias, uno tiene que procurarse herramientas para entender de qué van los temas de la coyuntura. Dicho de otro modo, está completamente fuera de mi alcance entender la totalidad de los informes del IPCC, pero me queda claro cuál es el consenso científico. Tampoco comprendo los mecanismos exactos por los que funciona cada vacuna en el organismo, pero sí puedo ver los claros resultados de su uso y entender lo que es la inmunidad de grupo. Algunos estamos lejos de la frontera del conocimiento, pero necesitamos “defendernos” de las creencias y no es fácil.

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  3. Pingback: Science. It works, bitches | Cómo Sabemos

  4. Pingback: Verdad y posverdad | Cómo Sabemos

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