Estuve investigando y…

Words, words, words…

sherlock-holmes-147255_960_720Ya hablamos varias veces acá acerca de que a veces las palabras significan distintas cosas según el ambiente en el que uno se está manejando. Por ejemplo, la palabra teoría o la palabra evolución. Llegó el momento de discutir la palabra investigar, que en ciencia significa algo bien distinto que en el lenguaje de todos los días.

Investigar es intentar sistemáticamente descubrir algo. Por ejemplo, investigan los científicos en sus laboratorios, pero también los detectives en las novelas policiales y también quienes queremos entender mejor cualquier tema. Es evidente, entonces, que hay distintas metodologías de investigación y distintos tipos de investigación. Acá nos enfocaremos en distinguir dos de ellos: la investigación científica y la investigación bibliográfica. Mientras que los métodos de la primera se restringen a las ciencias experimentales, los de la segunda sirven para cualquier rama del saber, desde la ciencia misma, a las letras o la cocina.

Cuando hablamos de investigación científica, a partir de la observación de un fenómeno se plantean hipótesis que serán apoyadas o refutadas por medio de experimentos, observaciones o el análisis de datos. El objetivo es la producción de un conocimiento nuevo, o la refutación de algo que se creía verdadero. Este tipo de investigación es realizado generalmente por profesionales como, por ejemplo, los científicos.

En la investigación bibliográfica, en cambio, se realiza un análisis crítico y creativo de una pregunta o un tema a partir de fuentes bibliográficas, esto es, de aquello que ya ha sido publicado por otros autores acerca del tema que nos interesa. La investigación científica está precedida casi siempre de una investigación bibliográfica: sería una pérdida de tiempo intentar resolver un problema o responder una pregunta sin entender qué es lo que otros han hecho anteriormente. Pero también podemos hacer una investigación bibliográfica en muchos otros contextos y con muchos otros objetivos. La investigación bibliográfica puede ser llevada a cabo por los científicos experimentales que realizan una investigación científica, por otros profesionales de otras áreas del conocimiento, y también por todos nosotros, los ciudadanos de a pie, cada vez que querramos averiguar algo que no sabemos pero que, quizás, alguien sí sabe y ya lo publicó. En cualquiera de estos casos, quien realiza la investigación se basa en conocimientos previos que deben ser estudiados, interpretados, seleccionados y analizados críticamente.

Fuentes para una investigación bibliográfica

Una investigación bibliográfica normalmente utiliza distintas fuentes. Estas fuentes pueden ser de distintos tipos: libros, revistas académicas o de divulgación, diarios, páginas de internet, entrevistas a expertos o profesionales del tema elegido, etc.

El análisis crítico de los conocimientos previos es quizás el aspecto más importante a tener en cuenta. Una buena investigación bibliográfica no es sólo una recopilación de datos obtenidos por otras personas, sino que puede además plantear nuevas preguntas o hipótesis, cuestionar las fuentes utilizadas, señalar contradicciones entre dichas fuentes, etc. Encontrar fuentes que se contradicen es algo mucho más frecuente de lo que se cree. La contradicción puede deberse a diversas causas. En primer lugar, muchas veces la investigación experimental puede dar resultados contradictorios provocados por la utilización de distintos diseños experimentales o por diferencias en el análisis de los datos obtenidos. En estos casos, se suele continuar con la investigación hasta que los resultados se vayan inclinando más hacia un lado que a otro pero, siempre, intentando mantener la mirada atenta para mantener la calidad de la investigación. En otros casos, la razón de la existencia de una contradicción puede deberse sencillamente a que una fuente utilizada es confiable y otra no lo es.

Para dar ejemplos extremos y un tanto estereotipados, si queremos investigar sobre física cuántica, no podemos en principio confiar en lo que nos dice un chico de 8 años, o en lo que leemos en internet en monografias.com o sitios similares. Si se quiere investigar sobre qué tipo de juguete le gusta a los chicos de 8 años, quizás sí podríamos hablar con varios de ellos. La confiabilidad de las fuentes es algo muy relativo que debe considerarse para cada situación en particular. Sin embargo, se puede plantear algunas reglas generales que, como toda regla, puede tener excepciones. Si estamos haciendo una revisión bibliográfica de temas de física cuántica, una revista académica es probablemente más confiable que una revista de divulgación, y ésta es más confiable que un artículo escrito en el diario. Pero también hay que tener en cuenta cuán capacitados estamos nosotros para interpretar lo que leemos, y también cuánta profundidad de análisis se requiere para la investigación en cuestión, por lo que la fuente más confiable posible quizás no sea lo que necesitemos. Siguiendo con el ejemplo, si no sabemos nada de nada de física cuántica, la revista académica será ilegible para nosotros, y el artículo del diario podría aportarnos información más comprensible, aunque quizás no tan confiable.

Internet

bibliotecaAntes de la existencia de internet, la información se encontraba en libros, revistas, etc. El acceso a la información era mucho más complicado que ahora, y dependía mucho de la calidad y accesibilidad de las bibliotecas. Actualmente, internet nos acerca a información de todo tipo de manera muy sencilla. El desafío ahora no es tanto acceder a la información, sino rescatar la información relevante en medio de un mar de información irrelevante y engañosa. Dado que cualquiera puede crear información y ponerla online, ¿cómo distinguimos la información confiable y verdadera de aquella puesta por gente que “toca de oído” o simplemente intenta engañarnos? En minutos cualquiera puede “photoshopear” una foto y twittearla modificada, confundiendo a quienes la ven. O puede escribir cualquier cosa en un post de blog como éste. Ahora el problema es, curiosamente, el exceso de información. Por eso, lo importante no es acumular información sino saber usarla y entender cuán confiable es.

El uso de páginas de internet como fuentes bibliográficas no es en sí ni “bueno” ni “malo”. Los mismos criterios de confiabilidad que mencionamos antes se puede usar con fuentes que se encuentran en papel y con fuentes de internet. Hay páginas de internet que son muy confiables y otras que no. Si se quiere investigar un tema médico, hay muchos sitios muy serios, por ejemplo el sitio del instituto nacional para la salud del gobierno de los Estados Unidos, sitios académicos, sitios gubernamentales, etc. Por supuesto, y como sucede en general en internet, hay más sitios en inglés que en otros idiomas, y por lo tanto hay más sitios confiables en inglés que en otros idiomas. Pero también en castellano hay muchos sitios muy buenos que pueden ser utilizados.

Una gran ventaja de internet es que muchas veces nos permite tener acceso a datos más actualizados que los libros y a datos que jamás encontraríamos en una biblioteca local. Pero, del mismo modo, hay mucha información errónea en internet, muchos sitios o artículos que pueden hacer creer que son serios cuando no lo son.

A modo de ejemplo, veamos qué pasa con un tema científico como es la evolución. La teoría de la evolución es ahora la explicación que mejor acomoda la enorme cantidad de pruebas que tenemos acerca de cómo se originaron y evolucionan las especies. Sin embargo, hay gente que la rechaza, como por ejemplo algunos que creen que hubo un Dios creador que creó a las especies tal cual son ahora.

Árbol de la vida (2016) By Laura A. Hug1, Brett J. Baker, Karthik Anantharaman, Christopher T. Brown, Alexander J. Probst, Cindy J. Castelle, Cristina N. Butterfield, Alex W. Hernsdorf, Yuki Amano, Kotaro Ise,Yohey Suzuki, Natasha Dudek, David A. Relman, Kari M. Finstad, Ronald Amundson,Brian C. Thomas and Jillian F. Banfield - http://www.nature.com/articles/nmicrobiol201648, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=48242514

Árbol de la vida (2016) By Laura A. Hug1, Brett J. Baker, Karthik Anantharaman, Christopher T. Brown, Alexander J. Probst, Cindy J. Castelle, Cristina N. Butterfield, Alex W. Hernsdorf, Yuki Amano, Kotaro Ise,Yohey Suzuki, Natasha Dudek, David A. Relman, Kari M. Finstad, Ronald Amundson,Brian C. Thomas and Jillian F. Banfield – http://www.nature.com/articles/nmicrobiol201648, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=48242514

Por ejemplo, si buscamos en Google “evolution theory”, aparecen sitios que discuten seriamente la teoría de la evolución, y también aparecen otros sitios muy poco confiables que malinterpretan todas las pruebas experimentales y tienen la apariencia de tener información creíble, pero que en realidad tienen “agenda” propia. Ejemplos de estos últimos son éste, o este otro que apoya la idea del “diseño inteligente”, que grupos religiosos norteamericanos están intentando imponer en la enseñanza de la biología en los Estados Unidos desde hace ya muchos años.

Este tipo de problemas no aparecen solamente con la teoría de la evolución, claro, sino con prácticamente todo. En ciencia, muchas veces vemos sitios armados por diversos grupos que aparentan dar explicaciones científicas que, si se miran con atención, están teñidos de comentarios subjetivos y no avalados por evidencias experimentales serias. El problema es que, muchas veces, si uno no está alerta y no dispone de conocimientos básicos, muy fácilmente puede ser confundido o engañado por este tipo de sitios.

Sin pretender entrar en la vieja discusión de religión vs. ciencia, aclaremos que, mientras que cualquier teoría científica está abierta al ataque de nuevas interpretaciones o nuevos datos, estos sitios intentan imponer conclusiones que no provienen sino de las convicciones previas de sus autores.

Esta controversia sobre la evolución también está en nuestro país. De hecho, en el año 2011 el diario Clarín publicó una nota a favor del diseño inteligente que se puede leer acá, y que fue rápidamente respondida por otra, en la cual se explica brevemente por qué la idea del diseño inteligente no tiene cabida en la ciencia.

Mientras que un sociólogo que haga una reseña del pensamiento fundamentalista a comienzos del siglo XXI podría utilizar estos sitios como fuente bibliográfica, alguien que quiere aprender más acerca de la evolución, desde el punto de vista de la ciencia, debería estár alerta para no ser engañado por los pseudo-razonamientos de este tipo de artículos y sitios.

¿Y Wikipedia?

wikipediaLas páginas “wiki” tienen contenido escrito y permanentemente editado por los mismos usuarios. La enciclopedia wiki más conocida es Wikipedia, que es actualmente una de las enciclopedias más utilizadas. Como los usuarios escriben, corrigen y reescriben los artículos (cualquiera de nosotros podría hacerlo), y esto se realiza de manera anónima, es muy difícil saber a priori si lo que se lee en Wikipedia es correcto o no. Esto requiere prestar mucha atención: buscar en otras fuentes y comparar la información, leer las citas del artículo de Wikipedia, fijarse si hay discusiones (es una pestaña que está al lado de la del artículo) o, en el historial, mirar cuántas y qué ediciones tuvo.

Cuando Wikipedia recién comenzaba, había bastantes errores y omisiones, pero hoy hay muchísimos editores que se toman el trabajo de controlarla y levantar el estándar de calidad. Si uno de nosotros, por molestar, edita un artículo acerca de una persona que está viva, e inventa que murió, ese error posiblemente esté durante muy poco tiempo, hasta que sea corregido por otros usuarios. El tiempo que tarda un error en ser corregido es variable, y puede depender de diversos factores como por ejemplo cuán evidente es, o cuánto se lee ese artículo en cuestión. Por eso, también con esto siempre hay que estar alerta.

El buen uso de fuentes de internet es algo muy valioso para una investigación bibliográfica. Es importante aprender a utilizar esta herramienta de manera adecuada.

Las (falsas) controversias

Hay algunos temas que típicamente despiertan pasiones y algunos creen que hay controversias al respecto. Por ejemplo, hay un gran consenso científico de que existe un cambio climático y que, en gran parte, se debe a la actividad humana. Pero hay muchos que niegan esto, incluyendo al flamante presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Se plantea, al respecto, una controversia que no es tal.

Número de casos de sarampión cada 100.000 personas para cada estado de Estados Unidos. http://graphics.wsj.com/infectious-diseases-and-vaccines/

Número de casos de sarampión cada 100.000 personas para cada estado de Estados Unidos. http://graphics.wsj.com/infectious-diseases-and-vaccines/

Otro ejemplo clásico tiene que ver con la vacunación. Las vacunas son muy efectivas y seguras, pero hay quienes se oponen a la vacunación. Pero esto no es cuestión de opiniones. No todos tienen derecho a tener su opinión, si de un lado hay afirmaciones basadas en evidencias confiables, y del otro una actitud de hacer a un lado esas evidencias, para conservar la postura previa que se tiene. En el tema de vacunación, los que se oponen a ella se basan en información falsa, o malinterpretan información. No lo hacen a propósito, claro. Muchos son víctimas de personas inescrupulosas o malintencionadas que difunden, en sitios de internet por ejemplo, ideas falsas sobre la vacunación.

De un “lado” del tema vacunación hay evidencias científicas, pruebas confiables. Hay muchísima información sometida al análisis crítico y permanente de la comunidad científica. Todo este “lado” se basa en investigaciones científicas, y en investigaciones bilbiográficas que utilizan fuentes de alta confiabilidad. Son años y años de conocimiento científico acumulado y corregido. Del otro “lado”, el que se opone a la vacunación, lo que vemos es posts de blogs, personas que hablan en videos de youtube, artículos de diarios, testimonios aislados… muchas veces con cierta dosis de ideas conspirativas y falacias ad hominem.

¿Qué tiene que ver todo esto con el tema de este post, que era discutir los significados de la palabra investigar? Una cosa es la investigación científica, que es la que obtiene las pruebas que luego, al ser difundidas, están a disposición de los demás, para que las podamos tener en cuenta en nuestras investigaciones bibliográficas. Otra muy distinta es cualquiera de nosotros navegando por internet por un par de horas. No podemos usar la palabra investigar en el mismo sentido en ambas situaciones, porque corremos el riesgo enorme de volver comparables dos cosas que son totalmente distintas. “Estuve investigando sobre tal vacuna” tiene un significado si soy una científica que efectivamente investiga sobre vacunas, lee la bibliografía específica, asiste a congresos del tema, etc; y tiene un significado totalmente distinto si soy una persona que lee en internet los testimonios o comentarios de personas no expertas que hablan sobre vacunas.

¿Por qué insistimos en el tema vacunas, para ilustrar este tema? Hagamos la prueba… Busquemos artículos de medios periodísticos que tratan sobre una nueva vacuna disponible o cualquier cuestión relacionada, y leamos los comentarios de los lectores, o veamos qué se dice en las redes sociales sobre ese tema. Casi con seguridad aparecerán los comentarios del estilo “estuve investigando, y esa vacuna es peligrosa, no se la voy a dar a mis hijos”, o “investigá un poco, y vas a ver que esta vacuna es peligrosa”.

Si yo quiero hacer una investigación bibliográfica sobre si la vacunación es segura o no, es muy fácil encontrar fuentes no confiables que difunden la falsa información de que es peligrosa. Eso seguirá existiendo, y en todos los temas que se nos ocurra, por lo que se vuelve esencial que todos estemos muy alertas al evaluar la confiabilidad de las fuentes, y seamos muy críticos y escépticos con lo que leemos. Entonces, ¿cómo hacer? No hay soluciones sencillas, rápidas, ni válidas para cualquier situación, pero se puede hacer algo. Al comenzar una investigación bibliográfica, del tema que fuere, debemos primero encontrar las fuentes pertinentes que vamos a utilizar. Debemos leer todo de manera crítica, rescatando lo sustancial y descartando lo irrelevante. Además, debemos tener cuidado de no leer exclusivamente aquello que refuerza la idea previa que tenemos sobre el tema que estamos investigando. Tenemos que intentar desafiar, con evidencias, lo que pensamos previamente. También debemos entender cuánto consenso hay alrededor de cada afirmación, y cómo se obtuvieron las evidencias que se están teniendo en cuenta. Una vez que incorporamos los conocimientos que necesitamos, que comprendimos todo, que elegimos qué datos queremos discutir, etc., recién ahí podemos intentar sacar una conclusión propia. Siempre con cuidado, siempre sin fanatismos, sin caer en conspiranoia, y dispuestos a cambiar de postura si vemos nuevas evidencias, de calidad, que nos contradicen.

Las personas no siempre tenemos claro lo que piensan los expertos de un tema, pero tenemos que intentar lograrlo. Quizás no podamos nunca (ni sería deseable hacerlo), evaluar cada evidencia científica de un campo en el que no somos expertos, pero sí podemos agudizar la mirada para leer y aprender, sin dejar de preguntarnos cosas como “¿cuánto consenso tiene esto entre los expertos?”, “¿hay evidencias científicas de calidad, detrás de esta afirmación?”.

Si queremos realmente aprender sobre un tema y entenderlo mejor, no basta con leer un poco, pegarnos una vuelta por internet, y quedarnos con una primera impresión. Debemos ser exigentes y críticos. Investiguemos, sí, pero entendiendo bien los alcances y las limitaciones de nuestra investigación.

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