La violencia machista y la cultura del dato

Soy mujer. Soy argentina. Soy la madre de unos y la hija de otros. Soy bióloga. Soy docente. Soy descendiente de una familia que llegó a América con los conquistadores. Soy descendiente de una familia que fue casi totalmente exterminada en la Shoá. Soy muchas cosas y, a lo largo del tiempo, soy muchas cosas distintas. Como todo el mundo, ¿no?

¿Importa todo esto? La verdad que no. Salgamos de la trampa del “¿desde dónde lo decis?”. Es totalmente irrelevante quién soy para lo que voy a decir ahora. Porque quiero hablar de ideas que tienen que ver con el mundo, con eso que está ahí afuera y que podemos tratar de entender mejor si buscamos las evidencias adecuadas. Para evaluar estas ideas, lo que necesitamos es ver qué evidencias las sostienen, tenemos que analizar qué se dice y no quién lo dice.

La otra muleta mental que circula es la pregunta de “¿A quién le sirve lo que decís? ¿A quién sos funcional?”. Tampoco esto me importa demasiado. Creo que si uno quiere cambiar el mundo más que quejarse de él, es esencial saber cómo es ese mundo, qué cosas pasan en él y cómo son. Saber siempre es mejor.

niunamenosMe importan, y mucho, el feminismo y sus luchas. Comparto gran parte, aunque no todos, sus planteos principales. Creo que Ni Una Menos es una gran iniciativa que permitió mostrar lo que para muchos estaba oculto, y que otros preferirían que siguiera oculto. Motivó tanto a mujeres como a hombres a pensar su rol en estos temas. Y esa reflexión siempre es buena. Siempre dispara la posibilidad, que no siempre sucede, de cambiar un poco las cosas en la dirección de más igualdad, de menos violencia, de más justicia.

Por ambas cosas, por mi interés en poner lo que sabemos en una base firme, y por mi interés en el feminismo, es que veo con mucha preocupación la encuesta que se publicó hace muy poco bajo el nombre de Primer Índice Nacional de Violencia Machista.

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Médicos no eran los de antes

En la época de los elixires y emplastos

Homúnculos en el esperma. Hartsoeker, 1694

Homúnculos en el esperma. Hartsoeker, 1694

Cuando miramos el pasado con nuestros ojos actuales, a veces nos da ternura ver lo poco que se sabía antes, particularmente en áreas que hoy llamaríamos científicas. En algún momento se pensaba que la Tierra era plana, que en la reproducción humana el semen del hombre llevaba pequeños hombrecitos miniatura (homúnculos) y la mujer lo único que aportaba era un ambiente en el que estos podían desarrollarse, o que había cuatro elementos esenciales (agua, tierra, fuego y aire, como en Avatar, la leyenda de Aang). ¡Qué inocencia!, ¿no? Pero no vale mirar para atrás desde nuestros sofás, tomando un té, y sabiendo todo lo que sabemos ahora. Después de todo, a partir de todas esas ideas equivocadas, notando que no lograban explicar muchas cosas, los seres humanos fuimos logrando generar ideas más acordes a lo que ocurre en el mundo real. Fuimos logrando eso gracias a haber descubierto (¿o inventado?) una serie de herramientas para hacerle preguntas al universo y obtener sus respuestas: la ciencia. Algunas de esas herramientas son los experimentos, las observaciones o la generación de modelos teóricos y teorías y, gracias a ellas, podemos conseguir e interpretar las evidencias que nos van ayudando a entender el mundo que nos rodea. Sigue leyendo

No hay controversia: ¡la homeopatía no funciona!

Hace unos días, una nota en un diario argentino comenzaba así:

homeopatia clarin

¿”Polémica eterna”? Como dijo mi amigo Rodrigo Laje, “no hay polémica si hay evidencia de un lado y opiniones del otro.”

La homeopatía es una terapia alternativa inventada (¿los homeópatas dirían “descubierta”?) por Samuel Hahnemann a fines del siglo XVIII. Está basada en dos ideas principales: Sigue leyendo