Verdad y posverdad

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Mucho se está hablando de la posverdad, especialmente en relación con la política. Pero posiblemente no sea más que una palabra, algo pretenciosa, para referirse a un fenómeno que venimos observando en otras áreas. Acá, una reflexión al respecto.

A continuación se transcribe de manera completa el artículo original publicado en Perfil el 19 de febrero de 2017. Los únicos cambios respecto de esa versión son los hipervínculos agregados:

 

Verdad científica y posverdad mediática: conflicto de intereses

Para muchos, el año 2016 estuvo marcado por dos hechos políticos: la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y el referéndum de Brexit en el Reino Unido. Pero, para algunos de nosotros, el hecho fundamental fue que el diccionario Oxford eligió posverdad como palabra del año. Definida como “las circunstancias en las que los hechos objetivos influencian menos a la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias personales”, la palabra posverdad empezó a aparecer por todos lados, como una explicación mágica y teleológica. “Claro, estamos en la época de la posverdad, y por eso pasó esto”. Pero ese tipo de explicación de la posverdad es apenas una forma más de la posverdad. No explica nada. Más parece una justificación ex post que ni siquiera busca intentar entender el fenómeno a fondo.

Claro que hay una relación entre Trump y Brexit, y la posverdad. Sigue leyendo

Los grandes son siempre actuales

Antoine-Laurent Lavoisier (1743–1794) y Marie-Anne-Pierrette Paulze (1758–1836) quien, además de ser su esposa, fue su más grande colaboradora científica.

Los grandes son siempre actuales, ¿o quizás son grandes, en parte, porque son actuales?

Antoine-Laurent Lavoisier es considerado “el padre de la química”. Tenía una mirada muy empírica, metódica y cuantitativa de la ciencia, cuando aún eso no era tan común en la comunidad científica. Sus logros incluyen el descubrimiento del oxígeno y otros elementos, y la comprensión del proceso de combustión. Además, le dio la estocada final a la teoría del flogisto, que todavía tenía bastante apoyo pero que no lograba explicar sus resultados.

Más adelante se reproduce parte del discurso preliminar de su libro Tratado elemental de química: presentado baxo nuevo orden, y conforme a los descubrimientos modernos, con láminas, que fue publicado en la Francia de 1789. Lo maravilloso de este prólogo es que habla, entre otros temas, de:

  • La ciencia y de la importancia de las evidencias brindadas por las observaciones y los experimentos. Esto, en una época en la que la investigación científica era aun muy cualitativa y poco cuantitativa, y los diseños experimentales no eran demasiado cuidados. Además de ser muy exigente con los resultados que obtenía, Lavoisier prestaba mucha atención a las mediciones y a que éstas fueran exactas y precisas.
  • La ciencia y la educación de la ciencia. ¿Cómo formar a un químico? ¿Cómo brindarle a alguien sus primeros conocimientos del área, y también de la ciencia? Hoy hablamos de alfabetización científica, y Lavoisier ya tenía ideas al respecto, hace mucho.
  • La relación entre los fenómenos, las ideas generadas a partir del estudio de esos fenómenos, y la terminología o nomenclatura. Él tenía muy clara la importancia de las palabras. Hay una diferencia entre el nombre de la cosa y lo que la cosa realmente es.
  • Las dificultades que tenemos al pensar, porque pensamos mal, y el papel de la imaginación humana en la ciencia. Lavoisier hablaba de sesgos cognitivos antes de que esa terminología existiera.
  • El peligro de seguir, en la ciencia, a la autoridad y no a las evidencias.

Acá, la primera parte del prólogo del Tratado elemental de química, de Antoine Lavoisier, en el bellísimo español de la traducción de 1798 que se puede leer acá. (El original en francés está acá y la traducción al inglés está disponible acá). Sigue leyendo

Médicos no eran los de antes

En la época de los elixires y emplastos

Homúnculos en el esperma. Hartsoeker, 1694

Homúnculos en el esperma. Hartsoeker, 1694

Cuando miramos el pasado con nuestros ojos actuales, a veces nos da ternura ver lo poco que se sabía antes, particularmente en áreas que hoy llamaríamos científicas. En algún momento se pensaba que la Tierra era plana, que en la reproducción humana el semen del hombre llevaba pequeños hombrecitos miniatura (homúnculos) y la mujer lo único que aportaba era un ambiente en el que estos podían desarrollarse, o que había cuatro elementos esenciales (agua, tierra, fuego y aire, como en Avatar, la leyenda de Aang). ¡Qué inocencia!, ¿no? Pero no vale mirar para atrás desde nuestros sofás, tomando un té, y sabiendo todo lo que sabemos ahora. Después de todo, a partir de todas esas ideas equivocadas, notando que no lograban explicar muchas cosas, los seres humanos fuimos logrando generar ideas más acordes a lo que ocurre en el mundo real. Fuimos logrando eso gracias a haber descubierto (¿o inventado?) una serie de herramientas para hacerle preguntas al universo y obtener sus respuestas: la ciencia. Algunas de esas herramientas son los experimentos, las observaciones o la generación de modelos teóricos y teorías y, gracias a ellas, podemos conseguir e interpretar las evidencias que nos van ayudando a entender el mundo que nos rodea. Sigue leyendo

Alfabetización científica

AronsEn el mundo de la educación en ciencias todos hablamos de lo importante que es la alfabetización científica. ¿Pero cómo reconocerla? ¿Qué es exactamente? ¿Qué se espera que una persona científicamente alfabetizada pueda hacer?

La Agencia Para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define la alfabetización científica como “la habilidad de participar en asuntos relacionados con la ciencia, y con las ideas de la ciencia, como un ciudadano reflexivo”.

Pregunta: quienes nos dedicamos a la educación en ciencias, ¿estamos educando para lograr esto?

Hay actualmente varias “listas” de qué capacidades específicas debería tener un ciudadano para ser considerado científicamente alfabetizado. A continuación, una de ellas, establecida por el físico Arnold B. Arons en su libro “Teaching Introductory Physics“, publicado en 1997:

MARCAS DE ALFABETIZACIÓN CIENTÍFICA

Una persona científicamente alfabetizada debería poder: Sigue leyendo

La medicina preventiva

Solemos tener claro que más vale prevenir que curar. Especialmente en su sentido literal, el de la medicina. Tener hábitos saludables y prevenir enfermedades no solo nos permite tener mejor calidad de vida sino que, a nivel bolsillo, suele ser muchísimo más barato: cuando nos enfermamos tenemos gastos en medicamentos, tratamientos e internaciones, sin contar el hecho de que no trabajamos por un tiempo.

Sin embargo, a muchos nos cuesta tomar medidas de prevención. “¿Salgo a correr o como un helado?” “La comida con sal queda más rica… no pasa nada si agrego más sal una vez”. “Me molesta ponerme protector solar y repelente de insectos”. Esta dificultad se complica aun más cuando tenemos que ir al médico para que nos ayude a prevenir enfermedades, en vez de ir solo cuando nos enfermamos. Una situación típica es ir al médico para que nos diga si tenemos que darnos vacunas, una de las medidas de prevención de enfermedades más efectiva y barata que existe. “¿Vale la pena ir? Más o menos tengo el calendario completo…. la vacunas optativas no son tan importantes, y los refuerzos… algo me debe quedar de inmunidad de la primera dosis de la antitetánica.” Sigue leyendo

Por qué la gente está confundida acerca de lo que piensan los expertos

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Hay una frecuente confusión acerca del hecho de que en la ciencia cualquier afirmación puede ser destronada si aparecen evidencias que la contradicen. Esto es, en esencia, absolutamente cierto, pero muchas veces ignora otra cuestión central: para destruir una idea científica que está apoyada por evidencias muy fuertes, hace falta que las nuevas evidencias sean aun más poderosas.

En muchos temas, la opinión de los científicos no es homogénea. Esto puede deberse a muchas cuestiones particulares, como que las investigaciones sean muy recientes y sus resultados aun ambiguos, o que haya influencias externas, como en cuestiones que resuenan especialmente en la política o en la sociedad, por ejemplo. El consenso acerca del calentamiento global es enorme, pero aun así se siguen escuchando, y destacando, opiniones que se oponen a la idea de que el cambio climático existe y es provocado por la acción humana.

¿Qué implica esta discusión acerca de los consensos en ciencia cuando los temas despiertan interés en el público general? ¿Qué consecuencias trae esto al tener que definir políticas públicas? Cuando a esto le sumamos el papel de los medios de comunicación, todo se vuelve más complejo. Es habitual que los medios le den la palabra a los “dos lados” de una discusión. Es muy valioso que hagan esto, especialmente cuando las opiniones difieren ya que, de esta manera, se le da la oportunidad al lector, o al oyente, de oír las “dos campanas”. Pero, en el caso de la ciencia, si de un lado tenemos una afirmación científica que está sostenida por evidencias, y del otro lado una opinión que no lo está, ¿deben mostrarse ambos? Esta discusión está muy presente desde hace algún tiempo, y ya estuvimos hablando de esto anteriormente, como por ejemplo acá.

Derek J. Koehler es profesor de psicología en la Universidad de Waterloo y recientemente publicó un artículo en el diario The New York Times. En él habla un poco de estos temas y cuenta las investigaciones que estuvo haciendo al respecto. Para abrir la discusión, a continuación lo reproducimos completo y en español. Comentarios más que bienvenidos. Sigue leyendo

Predicciones

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El más importante anuncio científico de febrero de 2016 fue, sin duda, el de la detección de ondas gravitacionales. El 11 de febrero, el Observatorio de ondas gravitacionales por interferometría láser, conocido como LIGO por sus siglas en inglés (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory), confirmó la detección de este tipo particular de onda.

¿Por qué este anuncio fue tan relevante? Fue la primera vez que se logró detectar las ondas gravitacionales. Parece trivial pero, si las detectamos, quiere decir que efectivamente existen. Y no lo sabíamos hasta ahora. Sin embargo, la idea de que debían existir ya tiene 100 años: la Teoría de la Relatividad General que Einstein postuló predice que estas ondas se generan, y en principio podrían medirse, cuando en el Universo ocurren fenómenos que involucran a objetos de mucha masa (pero mucha en serio, como choques de galaxias, agujeros negros que se forman, etc.). Sigue leyendo