El cambio climático y la posverdad

Resumen

Se habla mucho en estos tiempos del fenómeno de la posverdad. Aunque se suele utilizar en relación a hechos políticos, podríamos decir que este fenómeno se presenta en distintos niveles desde hace tiempo. Un ejemplo de esto es la discusión pública acerca del cambio climático.

Temperatura en la superficie terrestre al comienzo de la primavera de 2000.

La ciencia del clima es muy compleja y la generación de modelos que permitan explicar y predecir fenómenos climáticos sigue siendo un enorme desafío para los científicos. Sin embargo, algo está claro: hay un cambio climático y es producido, en gran parte, por la actividad humana. Esta certeza se basa en una enorme variedad de evidencias de alta calidad que son evaluadas, por ejemplo, por el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). El IPCC se ocupa además de informar a los tomadores de decisiones para que se genere un plan de acción tendiente a mitigar lo más posible los efectos dañinos del cambio climático.

Aun cuando el consenso científico de que hay un cambio climático de origen antropogénico es muy alto (algunos estiman que este acuerdo es del 97% entre los científicos del clima), en muchos ámbitos políticos, sociales e incluso en los medios de comunicación se presenta como si hubiera una controversia. ¿Por qué ocurre esto? ¿Se trata de una mala interpretación de lo que dicen las evidencias científicas, o bien de un manejo cuidadoso que hacen algunos grupos interesados en minimizar este problema? ¿Hay una falta de comprensión, o un intento por hacer los hechos a un lado para sostener posturas no basadas en la evidencia sino en cuestiones emocionales?

Discutiremos aquí estos aspectos más relacionados con la comunicación, y el modo en el que se accede e interpreta la información del clima por parte de la sociedad. Sigue leyendo

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Los grandes son siempre actuales

Antoine-Laurent Lavoisier (1743–1794) y Marie-Anne-Pierrette Paulze (1758–1836) quien, además de ser su esposa, fue su más grande colaboradora científica.

Los grandes son siempre actuales, ¿o quizás son grandes, en parte, porque son actuales?

Antoine-Laurent Lavoisier es considerado “el padre de la química”. Tenía una mirada muy empírica, metódica y cuantitativa de la ciencia, cuando aún eso no era tan común en la comunidad científica. Sus logros incluyen el descubrimiento del oxígeno y otros elementos, y la comprensión del proceso de combustión. Además, le dio la estocada final a la teoría del flogisto, que todavía tenía bastante apoyo pero que no lograba explicar sus resultados.

Más adelante se reproduce parte del discurso preliminar de su libro Tratado elemental de química: presentado baxo nuevo orden, y conforme a los descubrimientos modernos, con láminas, que fue publicado en la Francia de 1789. Lo maravilloso de este prólogo es que habla, entre otros temas, de:

  • La ciencia y de la importancia de las evidencias brindadas por las observaciones y los experimentos. Esto, en una época en la que la investigación científica era aun muy cualitativa y poco cuantitativa, y los diseños experimentales no eran demasiado cuidados. Además de ser muy exigente con los resultados que obtenía, Lavoisier prestaba mucha atención a las mediciones y a que éstas fueran exactas y precisas.
  • La ciencia y la educación de la ciencia. ¿Cómo formar a un químico? ¿Cómo brindarle a alguien sus primeros conocimientos del área, y también de la ciencia? Hoy hablamos de alfabetización científica, y Lavoisier ya tenía ideas al respecto, hace mucho.
  • La relación entre los fenómenos, las ideas generadas a partir del estudio de esos fenómenos, y la terminología o nomenclatura. Él tenía muy clara la importancia de las palabras. Hay una diferencia entre el nombre de la cosa y lo que la cosa realmente es.
  • Las dificultades que tenemos al pensar, porque pensamos mal, y el papel de la imaginación humana en la ciencia. Lavoisier hablaba de sesgos cognitivos antes de que esa terminología existiera.
  • El peligro de seguir, en la ciencia, a la autoridad y no a las evidencias.

Acá, la primera parte del prólogo del Tratado elemental de química, de Antoine Lavoisier, en el bellísimo español de la traducción de 1798 que se puede leer acá. (El original en francés está acá y la traducción al inglés está disponible acá). Sigue leyendo

La violencia machista y la cultura del dato

Soy mujer. Soy argentina. Soy la madre de unos y la hija de otros. Soy bióloga. Soy docente. Soy descendiente de una familia que llegó a América con los conquistadores. Soy descendiente de una familia que fue casi totalmente exterminada en la Shoá. Soy muchas cosas y, a lo largo del tiempo, soy muchas cosas distintas. Como todo el mundo, ¿no?

¿Importa todo esto? La verdad que no. Salgamos de la trampa del “¿desde dónde lo decis?”. Es totalmente irrelevante quién soy para lo que voy a decir ahora. Porque quiero hablar de ideas que tienen que ver con el mundo, con eso que está ahí afuera y que podemos tratar de entender mejor si buscamos las evidencias adecuadas. Para evaluar estas ideas, lo que necesitamos es ver qué evidencias las sostienen, tenemos que analizar qué se dice y no quién lo dice.

La otra muleta mental que circula es la pregunta de “¿A quién le sirve lo que decís? ¿A quién sos funcional?”. Tampoco esto me importa demasiado. Creo que si uno quiere cambiar el mundo más que quejarse de él, es esencial saber cómo es ese mundo, qué cosas pasan en él y cómo son. Saber siempre es mejor.

niunamenosMe importan, y mucho, el feminismo y sus luchas. Comparto gran parte, aunque no todos, sus planteos principales. Creo que Ni Una Menos es una gran iniciativa que permitió mostrar lo que para muchos estaba oculto, y que otros preferirían que siguiera oculto. Motivó tanto a mujeres como a hombres a pensar su rol en estos temas. Y esa reflexión siempre es buena. Siempre dispara la posibilidad, que no siempre sucede, de cambiar un poco las cosas en la dirección de más igualdad, de menos violencia, de más justicia.

Por ambas cosas, por mi interés en poner lo que sabemos en una base firme, y por mi interés en el feminismo, es que veo con mucha preocupación la encuesta que se publicó hace muy poco bajo el nombre de Primer Índice Nacional de Violencia Machista.

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La carga eléctrica del electrón

electricidadHoy sabemos que los átomos están compuestos por muchos tipos de partículas subatómicas. Tanto los protones como los electrones tienen carga eléctrica, mientras que los neutrones fueron nombrados así ya que justamente no tienen carga (son eléctricamente neutros). Aunque los protones tienen una masa mucho mayor que la de los electrones, ambos tipos de partículas tienen la misma “intensidad” de carga eléctrica, pero de diferente tipo: a la carga de los protones la llamamos positiva, y a la de los electrones negativa.

¿Cómo llegamos a saber esto? En particular, ¿cómo se pudo medir la carga eléctrica de un electrón? ¿Cómo sabemos hoy que la carga eléctrica de cualquier objeto en el universo no puede tomar cualquier valor, sino que es múltiplo de un valor de carga mínima?

A principios de los años 1900 nada de esto estaba claro. Los científicos ni siquiera estaban muy seguros de que existieran las partículas subatómicas. Hasta que un físico norteamericano llamado Robert Millikan entró en escena y, con un experimento ingeniosísimo, resolvió toda esta cuestión. Sigue leyendo

Tiro al blanco: precisión y exactitud

precision exactitudEn la ciencia, las mediciones cumplen un papel fundamental.

Supongamos que necesitamos averiguar cuánto tarda en llegar al piso un objeto que se deja caer desde una altura de 2 metros. ¿Qué hace falta para esto, además del objeto en cuestión? Para empezar, debemos poder medir la altura de dos metros. ¿Cómo hacemos esto? ¿Usamos un centímetro? ¿O tomamos como referencia algún objeto que sepamos que aproximadamente mide 2 m? ¿O lo decidimos “a ojo? En principio, no hay una respuesta correcta, porque todo depende de cuán estrictos queramos ser con la medición de los dos metros de altura, y de nuestras posibilidades de acceso a las distintas opciones. También necesitamos medir el tiempo. ¿Usamos un cronómetro? ¿O “contamos elefantes”? Otra vez, dependerá de nuestros objetivos y situaciones particulares. Ahora supongamos que medimos la altura con un centímetro de dos metros y disponemos de un cronómetro que mide hasta milésimas de segundo. ¿Qué hacemos? ¿Alguien tira el objeto y otro toma el tiempo? ¿Lo hace la misma persona? ¿Basta con hacerlo una vez o mejor hacerlo varias veces? Si creemos que debemos medir varias veces, ¿cuántas veces repetimos la medición?

Como vemos, hay muchas decisiones que tomar. Para medir hay que elegir.

Si hiciéramos lo de más arriba de tirar un objeto y medir cuánto tarda en caer y midiéramos varias veces, ¿obtendríamos el mismo resultado? Lo más probable es que no. Aun si medimos varias veces lo mismo, con la misma metodología y en las mismas condiciones, no obtendremos siempre el mismo resultado. Sigue leyendo

Las encuestas y sus problemas

HowtoLieWithStatisticsPara responder muchísimas preguntas necesitamos medir. A veces, esta necesidad hará que tengamos que transformar nuestras preguntas o nuestros métodos de modo de poder conseguir las respuestas. Como dijo Galileo Galilei:

“Mide lo que se pueda medir y, lo que no, hazlo medible”.

Supongamos que queremos averiguar qué opina la gente sobre algún tema. ¿Cómo hacemos? Fácil, vamos y les preguntamos, ¿no?

Pero las cosas no suelen ser tan sencillas. Necesitamos primero resolver algunas cuestiones:

  1. ¿Qué “gente” nos interesa? Para empezar, medir implica seleccionar, elegir qué queremos medir. Hay que tomar decisiones.
  2. Una vez que decidimos quiénes nos interesan, tenemos que encontrarlos. ¿Sabemos dónde están? ¿Sabemos quiénes son?
  3. Como en general no podemos preguntarles a todos ellos (salvo que podamos hacer un censo), tenemos que elegir una muestra de unos pocos, y esta muestra debe representar adecuadamente al grupo en general. Debemos contruir muestras que no tengan sesgos, que no tengan desvíos.
  4. Incluso si tenemos una muestra representativa de la población general que nos interesa, ¿podemos saber si nos dirán la verdad cuando les hagamos las preguntas? Las personas nos comportamos de maneras muy extrañas cuando sabemos que nos observan. Somos un desastre como sujetos experimentales.

Basta con que nos equivoquemos con uno solo de estos aspectos para que el resultado que obtengamos sea erróneo y nos lleve a conclusiones equivocadas. Por eso, lo primero es asegurarnos de estar haciendo las cosas bien. Sigue leyendo

La tierra se mueve

La tierra se mueve. Y no nos referimos a la vueltita que da sobre su eje ni al giro anual alrededor del sol. ¿Estuvieron alguna vez en un terremoto? La tierra se mueve, pero no de la misma manera en todos lados. Por ejemplo, si en Santiago de Chile los terremotos son frecuentes, en Buenos Aires son a lo sumo un eco lejano.

El Cinturón de Fuego del Pacífico

El Cinturón de Fuego del Pacífico

¿Dónde ocurren los terremotos? La zona más sísmica del mundo se encuentra en las costas del Pacífico, formando una especie de semicírculo que abarca Indonesia, Japón hacia el norte, y yendo hacia el sur por la costa oeste de América. Esta zona es conocida con el hermoso – y temible – nombre de Cinturón de Fuego, o Anillo de Fuego del Pacífico.

¿Qué es lo que causa que la tierra tiemble de tal manera? Hoy sabemos que la tierra y los mares están sobre enormes placas que se deslizan. A veces estas placas chocan entre sí y se rompen. Esto libera muchísima energía que provoca que el suelo se sacuda con violencia generando los terremotos.

Sabemos que los continentes se mueven. Casi parece evidente ahora, ¿pero cómo se llegó a entender esto? Veremos a continuación la historia de este descubrimiento, haciendo especial énfasis en el fascinante camino mental que construyeron distintos científicos. Sigue leyendo