“Hay, de hecho, dos cosas: ciencia y opinión; la primera genera conocimiento, la segunda ignorancia”.

Hipócrates de Cos, “padre” de la medicina

 

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Es sólo una teoría

La evolución por selección natural es una teoría. Hasta acá vamos bien. Pero tenemos un problema: la palabra teoría no significa lo mismo en la ciencia que en el lenguaje de todos los días y, entonces, surgen los problemas. Curiosamente, esta distinción muchas veces no está clara incluso entre científicos y educadores de la ciencia, con lo cual la confusión sigue creciendo. Tratemos entonces de aclarar un poco las cosas.

Fuera de la ciencia, usamos la palabra teoría casi como sinónimo de idea. “Mi teoría es que el asesino es el mayordomo”. Así, no es más que una opinión, una suposición que no está necesariamente avalada por evidencias concretas. En este sentido, la Real Academia Española define teoría como “conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación”.

Pero, en la ciencia, una teoría es totalmente otra cosa. Es una idea que está sostenida por observaciones y por resultados experimentales, con evidencias que provienen de varios campos del conocimiento distintos. Es un conocimiento muy sólido que además permite predecir adecuadamente qué ocurrirá en determinada situación y, en caso de no ocurrir lo que predice, eso lo destruiría. O sea, cuando esta idea ya es tan fuerte que puede ser básicamente considerada un hecho, estamos ante una teoría científica. Es el término que reservamos exclusivamente para lo más poderoso en la ciencia. Sigue leyendo

¿Los datos cuentan historias?

Sabemos que hablar de política, religión e incluso de fútbol, puede causar que nos agarremos de los pelos con los demás. En una conversación civilizada, muchas veces evitamos hablar de estos temas porque, después de todo, uno opina algo, el otro opina algo distinto, y es cuestión de cada uno.14. Mortalidad infantil Venezuela

Pero podemos informar nuestras opiniones con datos concretos, con evidencias, y ahí la cosa se pone más interesante. Estas evidencias, sin embargo, no dicen algo por sí solas. Tenemos que trabajar sobre esos datos y analizarlos cuidadosamente para estar seguros de lo que interpretamos a partir de ellos.

En esta línea, me pareció interesante este artículo llamado “Chávez y la mortalidad infantil, o del uso de los datos para probar cosas“, que habla de datos en temas bien escabrosos y sensibles como muerte de niños, Chávez, Venezuela y política pública.

No, ustedes no tienen derecho a tener su opinión

Patrick Stokes

Patrick Stokes

¿Cuántas veces opinamos con vehemencia sobre algo que desconocíamos totalmente? ¿Cuántas veces nos vimos envueltos en charlas donde las afirmaciones a veces se argumentaban adecuadamente y la mayoría de las veces no?

Patrick Stokes, filósofo de la Universidad de Deakin en Australia, escribió este artículo hace ya más de dos años. Sigue vigente como el día uno, así que lo reproduzco a continuación completo y en español.

No, ustedes no tienen derecho a tener su opinión

Por Patrick Stokes

Todos los años, trato de hacer por lo menos dos cosas con mis alumnos, al menos una vez. En primer lugar, insisto en llamarlos “filósofos” – un poco cursi, pero tal vez fomente el aprendizaje activo.

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