Vacunas: un tema en el que no hay polémica

A partir del trascendido de que una diputada había presentado un proyecto de ley llamado “Consentimiento informado en materia de vacunación”, surgió un rechazo unánime no solo de especialistas y sociedades científicas, sino también de los legisladores de su propio bloque y de la sociedad civil en su conjunto, que se vio apelada a defender una cuestión ya zanjada como el enorme beneficio a la salud que otorgan las vacunas.

A continuación se transcribe de manera completa el artículo original publicado en Clarín el 30 de junio de 2017. Los únicos cambios respecto de esa versión son algunos hipervínculos agregados:

Vacunas: un tema en el que no hay polémica

Son seguras, efectivas y previenen enfermedades que hace años mataban a millones de personas.

Los nacidos en el año 1950 tenían una esperanza de vida de 48 años; los nacidos en 2010, de casi 70 años. En nuestro país, pasó respectivamente de algo más de 62 años a unos 75. En solo 60 años, se lograron 22 años más de vida en promedio para cada habitante del mundo, y 13 en nuestro país. Las dos medidas que más patearon el tablero, que permitieron esta extraordinaria extensión de nuestras vidas en todo el planeta fueron posiblemente el acceso al agua potable y la vacunación. Ambas previenen enfermedades que, hasta hace no tanto tiempo, exterminaban a millones de personas por año.

Mejor prevenir que curar. Es difícil para una medida preventiva lograr el reconocimiento que merece. Cuando un medicamento cura una enfermedad, vemos la mejora clara en el paciente y concluimos que el medicamento funcionó maravillosamente. Gracias, medicamento. Cuando una vacuna previene una enfermedad, lo único que vemos es que la persona sigue tan sana como antes: no nos enteramos de que la vacuna efectivamente evitó que esa persona contrajera esa enfermedad. Es difícil ser agradecido con lo que no vemos, por lo que no sucedió y preferimos no imaginar. Sigue leyendo

Médicos no eran los de antes

En la época de los elixires y emplastos

Homúnculos en el esperma. Hartsoeker, 1694

Homúnculos en el esperma. Hartsoeker, 1694

Cuando miramos el pasado con nuestros ojos actuales, a veces nos da ternura ver lo poco que se sabía antes, particularmente en áreas que hoy llamaríamos científicas. En algún momento se pensaba que la Tierra era plana, que en la reproducción humana el semen del hombre llevaba pequeños hombrecitos miniatura (homúnculos) y la mujer lo único que aportaba era un ambiente en el que estos podían desarrollarse, o que había cuatro elementos esenciales (agua, tierra, fuego y aire, como en Avatar, la leyenda de Aang). ¡Qué inocencia!, ¿no? Pero no vale mirar para atrás desde nuestros sofás, tomando un té, y sabiendo todo lo que sabemos ahora. Después de todo, a partir de todas esas ideas equivocadas, notando que no lograban explicar muchas cosas, los seres humanos fuimos logrando generar ideas más acordes a lo que ocurre en el mundo real. Fuimos logrando eso gracias a haber descubierto (¿o inventado?) una serie de herramientas para hacerle preguntas al universo y obtener sus respuestas: la ciencia. Algunas de esas herramientas son los experimentos, las observaciones o la generación de modelos teóricos y teorías y, gracias a ellas, podemos conseguir e interpretar las evidencias que nos van ayudando a entender el mundo que nos rodea. Sigue leyendo

Por qué la gente está confundida acerca de lo que piensan los expertos

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Hay una frecuente confusión acerca del hecho de que en la ciencia cualquier afirmación puede ser destronada si aparecen evidencias que la contradicen. Esto es, en esencia, absolutamente cierto, pero muchas veces ignora otra cuestión central: para destruir una idea científica que está apoyada por evidencias muy fuertes, hace falta que las nuevas evidencias sean aun más poderosas.

En muchos temas, la opinión de los científicos no es homogénea. Esto puede deberse a muchas cuestiones particulares, como que las investigaciones sean muy recientes y sus resultados aun ambiguos, o que haya influencias externas, como en cuestiones que resuenan especialmente en la política o en la sociedad, por ejemplo. El consenso acerca del calentamiento global es enorme, pero aun así se siguen escuchando, y destacando, opiniones que se oponen a la idea de que el cambio climático existe y es provocado por la acción humana.

¿Qué implica esta discusión acerca de los consensos en ciencia cuando los temas despiertan interés en el público general? ¿Qué consecuencias trae esto al tener que definir políticas públicas? Cuando a esto le sumamos el papel de los medios de comunicación, todo se vuelve más complejo. Es habitual que los medios le den la palabra a los “dos lados” de una discusión. Es muy valioso que hagan esto, especialmente cuando las opiniones difieren ya que, de esta manera, se le da la oportunidad al lector, o al oyente, de oír las “dos campanas”. Pero, en el caso de la ciencia, si de un lado tenemos una afirmación científica que está sostenida por evidencias, y del otro lado una opinión que no lo está, ¿deben mostrarse ambos? Esta discusión está muy presente desde hace algún tiempo, y ya estuvimos hablando de esto anteriormente, como por ejemplo acá.

Derek J. Koehler es profesor de psicología en la Universidad de Waterloo y recientemente publicó un artículo en el diario The New York Times. En él habla un poco de estos temas y cuenta las investigaciones que estuvo haciendo al respecto. Para abrir la discusión, a continuación lo reproducimos completo y en español. Comentarios más que bienvenidos. Sigue leyendo

Medida por medida

Un buen lugar para hacer un experimento

Un buen lugar para hacer un experimento

La ciencia no es solo el conjunto de conocimientos que, como humanidad, fuimos obteniendo a lo largo de nuestra historia, sino también un conjunto de herramientas metodológicas y mentales que nos sirven para tratar de entender mejor el mundo que nos rodea.

Cuando pensamos la ciencia como un proceso, como una serie de herramientas, podemos ver que sirve también para averiguar si algo funciona o no. En este sentido, la ciencia aporta mucho para evaluar en particular si las políticas públicas son o no efectivas, ya que nuestra intuición o nuestro sentido común no suelen ser muy confiables. Ya hemos discutido esto anteriormente, por ejemplo acá y acá.

Una de las mejores maneras de evaluar la efectividad de una política es realizar pruebas controladas aleatorizadas, que en inglés se conocen como randomised controlled trials y se abrevian con la sigla RCT. A continuación reproducimos completo y en español un breve artículo sobre este tema que fue publicado en The Economist. Sigue leyendo

¿Cómo sabemos que el virus HIV es la causa del SIDA?

1. simbolohomeEn los años ’80 sucedió algo que raras veces podemos ver: se identificó una enfermedad nueva, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, más conocido como SIDA. Era una enfermedad muy difícil de entender. No se tenía idea de qué la provocaba, y sus síntomas variaban mucho de paciente a paciente. Pero había algo que todos los afectados tenían en común: un deterioro de su sistema inmunitario que llevaba a que terminaran enfermando, y muriendo, debido a enfermedades que en una persona sana no eran tan peligrosas.

Apenas se detectó que existía una epidemia de esta misteriosa enfermedad, varios laboratorios de investigación se zambulleron de cabeza en la búsqueda de la causa. Uno de esos laboratorios, liderado por Luc Montagnier del Instituto Pasteur de París, ganó la carrera, y nos proveyó de las evidencias necesarias para determinar que un virus, el HIV, es realmente el agente que causa SIDA.

En este artículo navegaremos por esta historia. Veremos cuáles son los mecanismos que tiene la ciencia para encontrar al agente que provoca una determinada enfermedad, y cómo la sociedad se apropia de ese nuevo conocimiento. Sigue leyendo

Vacunación y políticas públicas

Los impresionantes avances en medicina de los últimos siglos nos están permitiendo vivir más y mejor. Dentro de estos, posiblemente el lavado de manos, el descubrimiento de los antibióticos y la invención de las vacunas son los que merecen los primeros premios. La prevención de enfermedades debida a la vacunación representa millones de vidas salvadas al año en todo el mundo.

CH 144Las vacunas pelean todavía por llegar a regiones muy vulnerables o de gran inestabilidad política y social, y es un gran desafío mejorar la cobertura en estas zonas. Pero está pasando algo más: en países con acceso a las vacunas y en algunas personas educadas y de alto nivel socioeconómico está surgiendo un rechazo a la vacunación. A modo de ejemplo, como consecuencia de la disminución en la vacunación contra el sarampión, entre 2014 y 2015 estamos viendo serios brotes de esta enfermedad. Incluso murió por sarampión una mujer en Estados Unidos y un niño en Alemania. Hace poco, falleció un chiquito de 6 años en España por difteria, una enfermedad que, gracias a la vacunación, no se veía en ese país desde 1987. Sus padres habían decidido no vacunarlo, siguiendo los consejos de su médico homeópata.

Este rechazo a las vacunas no está sostenido por pruebas científicas. En este contexto, se vuelve cada vez más importante estar adecuadamente informado y conocer que los beneficios de las vacunas son increíbles frente a los pequeños riesgos que entrañan. A nivel país, los estados toman decisiones acerca de la vacunación de su población. ¿Las vacunas deben ser obligatorias u opcionales? ¿Gratuitas o no?

Los programas de vacunación están presentes en las políticas de salud pública de todos los países. ¿Son efectivos? ¿Por qué hay vacunas obligatorias? ¿Qué consecuencias tiene que haya gente que no puede o no quiere vacunarse? Sigue leyendo