Por qué la gente está confundida acerca de lo que piensan los expertos

Consensus_Gap_med

Hay una frecuente confusión acerca del hecho de que en la ciencia cualquier afirmación puede ser destronada si aparecen evidencias que la contradicen. Esto es, en esencia, absolutamente cierto, pero muchas veces ignora otra cuestión central: para destruir una idea científica que está apoyada por evidencias muy fuertes, hace falta que las nuevas evidencias sean aun más poderosas.

En muchos temas, la opinión de los científicos no es homogénea. Esto puede deberse a muchas cuestiones particulares, como que las investigaciones sean muy recientes y sus resultados aun ambiguos, o que haya influencias externas, como en cuestiones que resuenan especialmente en la política o en la sociedad, por ejemplo. El consenso acerca del calentamiento global es enorme, pero aun así se siguen escuchando, y destacando, opiniones que se oponen a la idea de que el cambio climático existe y es provocado por la acción humana.

¿Qué implica esta discusión acerca de los consensos en ciencia cuando los temas despiertan interés en el público general? ¿Qué consecuencias trae esto al tener que definir políticas públicas? Cuando a esto le sumamos el papel de los medios de comunicación, todo se vuelve más complejo. Es habitual que los medios le den la palabra a los “dos lados” de una discusión. Es muy valioso que hagan esto, especialmente cuando las opiniones difieren ya que, de esta manera, se le da la oportunidad al lector, o al oyente, de oír las “dos campanas”. Pero, en el caso de la ciencia, si de un lado tenemos una afirmación científica que está sostenida por evidencias, y del otro lado una opinión que no lo está, ¿deben mostrarse ambos? Esta discusión está muy presente desde hace algún tiempo, y ya estuvimos hablando de esto anteriormente, como por ejemplo acá.

Derek J. Koehler es profesor de psicología en la Universidad de Waterloo y recientemente publicó un artículo en el diario The New York Times. En él habla un poco de estos temas y cuenta las investigaciones que estuvo haciendo al respecto. Para abrir la discusión, a continuación lo reproducimos completo y en español. Comentarios más que bienvenidos. Sigue leyendo

El hecho de mirar algo lo cambia

Todos sabemos que lavarse las manos es una de las medidas más efectivas en la prevención de enfermedades. Aun así, muchos no nos lavamos las manos todas las veces que deberíamos.

Eso pasa con nosotros, la gente común… pero seguramente el personal de salud que trabaja en hospitales sí se lava siempre las manos, ¿no? Después de todo, ellos son profesionales y tienen una enorme responsabilidad hacia sus pacientes.lavado-de-manos

¿Cómo podemos averiguar si ellos se lavan las manos todas las veces que deberían? Parece fácil. Pongamos un observador al lado de las piletas, con un anotador y una lapicera, a contar la cantidad de veces que enfermeros y médicos deberían lavarse las manos, y la cantidad de veces en las que efectivamente lo hacen. Suena bárbaro, si no fuera porque… ¿qué harías vos con tu lavado de manos si vieras que un observador está registrando en todo momento si efectivamente te estás lavando las manos o no? ¿Te afectaría si alguien te estuviera observando?

Esta última pregunta se investigó en las unidades de trasplante de órganos de un hospital, y los resultados fueron estos (en este caso se midieron cantidad de lavados de manos por dispenser de jabón por hora): Sigue leyendo

¡Evolucionemos!

“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y ademas más y otra cosa.”

Alejandra Pizarnik

Palabras y más palabras

Las palabras pueden decir mucho, o muy poco, y a veces quieren decir cosas distintas para personas distintas, o en distintos momentos. Por eso, en ciencia, tenemos que ser muy estrictos con las palabras que usamos, para estar seguros de que estamos diciendo lo que queremos decir cuando nos comunicamos. El caso extremo de esto es la matemática, que en su afán de precisión desarrolló un lenguaje completamente simbólico en el cual solo hay signos con significado matemático.

A veces la elección de palabras no tiene importancia. Si decimos brazo o extremidad superior todos nos entendemos, tanto científicos como no científicos. Pero en otras ocasiones tenemos que ser cuidadosos: a veces la ciencia toma una palabra del lenguaje de todos los días, y le da un significado especial. A veces el camino es inverso: lo que en ciencia quiere decir una cosa, pasa al languaje cotidiano y ya no significa exactamente lo mismo (ADN, que para un científico es algo muy preciso, en el lenguaje coloquial puede verse en usos como “ese equipo de fútbol tiene ganar grabado en su ADN”). En esos casos, muchas veces se producen confusiones, especialmente preocupantes sobre todo en el discurso público, cuando científicos y no científicos usan las mismas palabras, pero queriendo decir cosas completamente diferentes.

Ya discutimos en otra oportunidad que la palabra teoría significa algo casi opuesto en el lenguaje cotidiano y en el lenguaje científico.

Hoy le llega el turno a la palabra evolución.

En la vida diaria se suele usar la palabra evolución para indicar un cambio que tiende a una mejora, un progreso. Por ejemplo, cuando hablamos de la “evolución de una sociedad”, creemos en general que la sociedad cambia, o debe cambiar, para mejor. A veces, implica además que nosotros podemos lograr esa mejora: si tenemos la intención de evolucionar, podemos lograrlo a través de nuestras acciones. En este uso, la evolución es un cambio que tiene un propósito, es teleológica. Sigue leyendo

La felicidad, ja, ja, ja, ja

¿Podemos investigar sobre temas tan personales como la felicidad? ¿Podemos pensar claramente acerca de estos temas, cuando solemos confundir, por ejemplo, lo que sentimos durante una experiencia vivida con lo que sentimos ante el recuerdo de esa experiencia?

Pensar críticamente es muy difícil. Es una habilidad que podemos aprender y entrenar, pero todo el tiempo corremos el riesgo de caer en algo irracional o en trampas de pensamiento que son inherentes a cómo funcionan nuestros cerebros.

En esta charla TED de 20 min, Daniel Kahneman, psicólogo experimental y ganador del Pemio Nobel de Economía 2002, habla de la felicidad y de las trampas cognitivas que aparecen cuando abordamos su investigación:

El primer paso para tratar de pensar “mejor” es, probablemente, estar alertas acerca de la existencia de estas trampas cognitivas, y admitir que nadie está exento de caer en ellas.